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Opinión

…DE LA FÉ

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…DE LA FÉ

¿Quién en ésta vida no ha esperado algo que aún no posee o no se ha hecho presente en su vida?, tal vez exista alguien que no quede encuadrado en éste cuestionamiento y que en su existencia no haya sido contemplada tal opción, sin embargo, esa probabilidad la abordaremos en otra “bagatela”.

Hoy en día el ser humano ocupa parte de su pensar y su sentir en poder vivenciar de la manera más agradable una infinidad de cosas y circunstancias que aún no están a su alcance, pero que sin embargo son claramente visibles y palpables a su entender y sentir; son algo ya manifiesto en su mundo terrenal, algo que podríamos decir que son “verdad” porque existen concretamente, aunque en sí mismas tal vez no lo sean al cien por ciento para los usos y fines esperados o pretendidos para una mayor trascendencia en la que tal vez se podría creer aun existiendo de manera abstracta; tan es así que de forma literal se ha ajustado a dichas situaciones la frase “hasta no ver, no creer”, aunque de forma conceptual no precisamente sea así.

En los quehaceres públicos dentro de una sociedad existe la legalidad, dentro de la cual un funcionario puede dar fe de algo (matrimonio, bautizo, soltería, de vida, etc.) Es una forma de certificar la verdad de algo visible o palpable, es otorgar la confianza y certidumbre para que primeros, segundos, o terceros puedan ser poseedores de las garantías sociales y humanas que una constitución otorga a toda una sociedad.

Sin embargo, ésta fe antes mencionada certifica lo ya establecido, lo medible, lo palpable, lo vendible o comprable, etc. Y… ¿Qué hay de aquella fe que nos sitúa en el desafío de creer y tener plena confianza en algo que no es palpable o medible pero que aun así se nos presenta como una verdad?; de esa fe que no necesita ver para creer, sino más bien “creer para poder ver”, es algo muy complejo que se le ha convertido y se le ha reducido a una simple frase que de manera indistinta ha sido utilizada sin una reflexión más profunda o esclarecedora, es como tantos medicamentos que remedian parcial o totalmente los síntomas pero no remedian el mal de fondo; así el decir que tenemos fe en algo que a nuestros ojos o sentidos no existe ha sido para el ser humano un paliativo más que un remedio total a nuestros males interiores y no porque así sea en realidad, sino más bien porque así lo hemos practicado y en eso lo hemos convertido.

Un funcionario da fe de lo que él tiene por cierto y certero, y la persona común pone su confianza en esa “dadiva de fe” que aquel personaje certifica o, dicho de otra forma, da fe de la verdad que está manifiesta, de la que ya comprobó (o al menos así debería de ser) y por lo tanto podríamos considerar que “nadie da lo que no tiene”, aunque en nuestro presente muchos “hacen como que dan lo que no tienen”, pues la verdad, la certeza, la honorabilidad, etc. No son conceptos escritos que por sí solos actúen, son principios naturales que se originan y actúan desde lo profundo del ser, desde ese supuesto origen divino que nos hace superiores a nosotros mismos cuando estamos decididos a trascender a nuestra miserable humanidad, como bien dijo Víctor Hugo en su obra “Los miserables”.

Así que tener fe es creer sin titubeos en una verdad que, si bien no conocemos, nuestro ser interior la podría intuir o entender humanamente; no es la fe dominguera que aminora nuestros remordimientos, es la confianza plena y total sin reserva alguna en un principio, personificado o no que categóricamente está anclado de manera permanente en nuestra sustancialidad prístina. Dar fe de algo o tener fe en algo son dos posicionamientos que conforman un mismo cuerpo de carácter mental y espiritual donde la verdad existe por sí misma y no a expensas del juicio meramente humano, por ende, posiblemente estamos experimentando un descenso en la calidad humana y social, como consecuencia de la práctica de una FE “que ni fu ni fa”.

Hasta la próxima…                                   ATT: “EL ROPAVEJERO”

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