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Opinión

¿Un Granier chiapaneco?

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Arropado por el salinismo, apadrinado por Manlio Fabio Beltrones, el gobernador más joven del país, Manuel Velasco Coello, optó por la conciliación y no por la ruptura con su antecesor, Juan Sabines. En el pecado puede llevar la penitencia.

Salvo a tres de sus colaboradores, ratificó a los secretarios del gabinete anterior. La apuesta era por la continuidad, no por el cambio. A seis meses de mandato, propios y extraños le reclaman su falta de contundencia. En parte, por los problemas de ingobernabilidad que afronta aquella entidad sureña, en parte por su displicencia, por su estilo personalísimo. Hay quienes aseguran que despacha de día en Tuxtla Gutiérrez, pero que dormita fuera de su territorio, por cuestiones de seguridad. Si así es, bien por él. Pero mal por la institución.

Velasco es el único gobernador que presume el Partido Verde, ¿pero eso lo ata al beltronismo? El sabinismo que profesa es su principal problema. Y es que la opacidad, la corrupción y los desfalcos de su antecesor son un pesado lastre. Si su vecino, Arturo Núñez, emprendió una ofensiva legal contra Andrés Granier Melo, ¿por qué no hizo lo mismo?

Joven bebesaurio, con la vista en el 2018, el gobernador de Chiapas apuesta por su relación con el peñismo, pero no romper con el pasado reciente. Un pasado marcado por la corrupción, por el desvío de recursos. Y los incidentes como los ocurridos en Venustiano Carranza, que no han trascendido en la prensa nacional.

El Congreso local debería reclamar. No lo hace, en gran medida porque Sabines definió su composición. Pero ¿quién pagará las consecuencias? La deuda estatal, que asciende a 40,000 millones de pesos, escandalizaría a propios y extraños. Municipios quebrados. Un gobierno estatal inoperante. Las obras inconclusas, son una pesada losa que le impide despegar, tener la proyección que anhela.

El Parque del Chocolate, en Tuxtla chico. La Ciudad Rural Sustentable, en Santiago del Pinar. Los rastros municipales inservibles, los hospitales fantasmas, los puentes, los caminos, las carreteras, la infraestructura aeroporturaria que no se hicieron. Y las plantas de biodisel que entregó el entonces presidente Felipe Calderón y que ahora simplemente no operan, son la muestra del teatro que Velasco heredó y no ha querido reclamar.

Más de 100,000 millones de pesos de partidas presupuestales que ahora están justificadas por “deficiencias no subsanadas”, pero que que reclaman los chiapanecos. A Sabines y a Velasco.

Sabines cuenta con la complicidad de su sucesor. Y con el acuerdo de los líderes priistas. El actual dirigente estatal del partido, Roberto Albores Gleason, no puede combatirle porque están involucrados en empresas altamente rentables, como los fertilizantes orgánicos.

En Tabasco, no en Chiapas, el gobierno federal frenó la impunidad. ¿Harán lo mismo en Chiapas? Aquella entidad, el olvido del Centro y la permisibilidad sobre el manejo irregular de las finanzas públicas es un insulto.

Velasco lo sabe. Los fraudes, las obras inconclusas, el estrecho margen de maniobra con el que cuenta es una pesada losa que le impedirá proyectarse como figura nacional. La trasparencia, la rendición de cuentas, era su divisa. Ahora, está obligado a cumplir.

EFECTOS SECUNDARIOS

LIMPIEZA. Tras de seis meses al frente del ISSSTE, Sebastián Lerdo de Tejada está a punto de lograr la renovación total de los delegados de ese organismo descentralizado en la República Mexicana. Solo resta hacer el ajuste en dos de las 35 delegaciones. Una de las primeras bajas fue León Felipe Morales, quien estaba al frente de la oficina en Tabasco y es sobrino de Elba Esther Gordillo. ¿La última? Sandra Ortega Rivas, cercanísima al ex director de la institución, Miguel Ángel Yunes, quien hace dos semanas presentó su renuncia a la delegación norte del Distrito Federal.

¿RECUPERACIÓN? El presidente nacional de Nueva Alianza, Luis Castro Obregón estuvo en Aguascalientes. Además del respaldo público que brindó a los candidatos del partido del magisterio, tuvo una reunión con el gobernador Carlos Lozanos de la Torre, que resulta altamente significativa en momentos donde la campaña del priista a la alcaldía de la capital hidrocálida, Paco Reyes, ha caído en un bache que materializa el peor escenario para los estrategas tricolores, sobre todo por la negativa del puntero, el panista Juan Antonio Martín del Campo, de asistir al debate. La organización neoaliancista se colocó como tercera fuerza en los comicios del 2012, cuando obtuvo más de 65,000 votos en la entidad, de los cuales 35,000 estaban radicados en la capital y que bien podrían servir para rescatar al PRI.

Por: Alberto Aguirre M. / elarsenal.net / Correo electrónico: [email protected]

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