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Opinión

¿Tregua en el PAN?

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La aplanadora azul que ayer arrolló a los corderistas recurrió a muchos usos y costumbres de los viejos priístas. Y la Comisión Organizadora del proceso interno —a cargo del mexiquense Francisco Gárate— presume de una elección impecable, sin ofrecer siquiera información precisa, ya no se diga del desarrollo de la jornada electoral del pasado domingo 18, sino del cómputo oficial.

El reporte sobre las irregularidades ni del total de casillas instaladas nunca llegó, lo mismo que los datos del Programa de Resultados Electorales Preliminares, cuya inoperancia quedó en evidencia.

¿Y así el PAN reclamará imparcialidad y objetividad al INE? Al cierre de las votaciones, en el cuartel de campaña de Ernesto Cordero albergaban esperanzas. Su exit poll ubicaba al retador con una desventaja de un dígito. Y los reportes estatales les concedían triunfos indiscutibles en Aguascalientes, Baja California Sur, Durango, Michoacán y Querétaro.

Y el optimismo creció cuando llegó la información de Guanajuato, donde se marcó récord de participación en la interna panista: 81.67% de los militantes inscritos en el padrón. Con una docena de ciudades medias, aquella entidad del Bajío podría ser un granero de votos para el corderismo, que ganaría en León, Celaya, San Francisco del Rincón e Irapuato, mientras que Madero y Anaya ganaron en la capital guanajuatense, Apaseo el Grande, San Luis de la Paz, Moroleón, Salamanca y Tierra Blanca. Y en Abasolo habría empate.

En los territorios dominados por Luis Alberto Villarreal —Guanajuato y Querétaro—, los corderistas tendrían ventaja.

Las metas impuestas por Juan Manuel Oliva y Fernando Manzanilla se habían cumplido, en una primera etapa. La elección interna del PAN, en cualquier caso, quedaría definida por los cinco grandes: los estados que concentran a 40% de los militantes empadronados.

En Nuevo León, Madero se impuso a Cordero por cuatro a uno (con una participación de 74.81%, con 8,669 votos para Madero, por 1,754 votos para Cordero) y hubo regiones donde las votaciones fueron apabullantes. En San Nicolás de los Garza, Madero obtuvo 1,188 votos por 109 de Cordero.

En Puebla votó 70% de los 13,500 panistas con derecho a votar. Ocho de cada 10 lo hicieron a favor de Madero. En Puebla capital hubo 2,029 votos para Madero por 730 para Cordero. En Veracruz, los maderistas —que tuvieron a los Yunes como principales operadores— se impusieron en Boca del Río, Córdoba, Coatzacoalcos y el puerto, mientras que Cordero sólo ganó en Xalapa.

Tras conocer los resultados de aquella entidad, gobernada por el priísta Javier Duarte, en el cuartel corderista sabían que la derrota era inevitable, pues también en el Distrito Federal —donde voto 66% de la militancia panista— poco pudieron hacer. Sólo en Jalisco dieron una batalla cuerpo a cuerpo: Madero sumó 8,082 votos, contra 6,296 sufragios de Cordero, que ganó en Guadalajara…

Ernesto Cordero no perdió con Gustavo Madero, fue derrotado por los gobernadores, por los maderistas por supuesto —Francisco de la Madrid, de Baja California; Rafael Moreno-Valle, de Puebla; Guillermo Padrés, de Sonora—, pero también por la operación de otros mandatarios en entidades gobernadas por otras fuerzas políticas, tal y como documentaron los corderistas en Chiapas, Oaxaca, Quintana Roo y Tlaxcala.

El alineamiento de ese bloque anti-corderista es noticia vieja. Hubo otros contingentes como el que encabeza la ex jefa de la oficina de Los Pinos, Patricia Flores, quien literalmente cambió de camiseta. Josefina Vázquez Mota apareció para respaldar al ganador. Y emergieron nuevos liderazgos; la alcaldesa de Monterrey, Margarita Arellanes, entre los más notorios, como hizo evidente su lugar preponderante en el primer círculo maderista, la noche del pasado domingo 18; se perfila a ser la candidata por la gubernatura de Nuevo León.

Al final de la contienda panista, Cordero Arroyo también afrontó las divisiones dentro de su equipo interno. Algunos se pronunciaban por endurecer el discurso y obligar a la actual dirigencia a “limpiar” el proceso.

 Otros —más interesados en preservar la unidad que en la calidad de la elección— recomendaron hacer valer la fuerza de los votos obtenidos por el senador con licencia, quien obtuvo la preferencia de cuatro de cada 10 militantes panistas.

Acabada la contienda, tanto Cordero como Madero han dado señales que podrían considerarse como el inicio de una tregua entre sus equipos. Unos ya no se jactarán de la paliza. Otros disminuirán sus señalamientos contra la deshonestidad de algunos cuadros cercanos a Madero.

Se trata de abonar lo posible a la convivencia pacífica y la aceptación de una nueva correlación de fuerzas, que se vería reflejada en la integración del CEN, en la designación de futuros candidatos y, sobre todo, en el nombramiento de los coordinadores parlamentarios.

En el caso del liderazgo en el Senado, en el mediano plazo ocurrirá un ajuste, obligado más por los afanes de Jorge Luis Preciado —quien buscará la gubernatura de su natal Colima, el 2015— que por las presiones de los contrarios. En cualquier caso, Roberto Gil Zuarth reclamaría esa posición.

 Así las cosas, será en San Lázaro donde ocurrirá la siguiente batalla, pues los corderistas reclamarán la coordinación de la bancada para Cortázar mientras que los maderistas ven en esa posición a Ricardo Anaya.

Por  / elarsenal.net

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