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Opinión

Mujeres tras del poder

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¿Quién a hierro mata, a hierro muere? Entre la élite política mexicana, la defenestración del adversario nunca es un detrimento, sino todo lo contrario. Así queda demostrado, de nueva cuenta, con la defenestración pública de Purificación Carpinteyro.

“Bien merecido que se lo tenía”, se escuchó decir desde la noche del pasado martes 24, cuando manos aviesas sembraron en las redes sociales el audio en el que se escucha a la legisladora perredista proponer un negocio a un funcionario de tercer nivel de una operadora telefónica. Como ocurre con sospechosa frecuencia desde el arranque de este 2014, la filtración de expedientes incriminatorios moviliza a la opinión pública y genera juicios sumarios.

Si la diputada Carpinteyro hubiera reaccionado con mesura y comedimiento, habría implementado una mejor defensa. Prefirió pecar de arrebatada, en vez de incongruente y en el pecado lleva la penitencia. ¿Cuál es su actual delito? Ser una promotora contumaz de la apertura del sector de telecomunicaciones y simultáneamente combatir a los monopolios, mientras trataba de sacar provecho de la información privilegiada a la que tiene acceso, por su posición dentro del servicio público.

Cierto es que desde el sexenio pasado se le atribuyen pecados mayores. La abogada, egresada de la Escuela Libre de Derecho –donde fue condiscípula de Margarita Zavala y Felipe Calderón– decidió renunciar a una sólida carrera en el mundo de las telefónicas para incorporarse al régimen panista; primero como encargada de la renovación del servicio postal mexicano y luego como subsecretaria de Comunicaciones, bajo las órdenes de Luis Téllez Kuenzler, quien al principio del sexenio anterior fue sujeto de sospechas e invectivas… hasta que emergió como una de las figuras más confiables, tras del manejo de la crisis derivada del avionazo en el que falleció Juan Camilo Mouriño.

Carpinteyro y Téllez tenían visiones opuestas sobre las políticas públicas que debían instrumentarse para abrir las telecomunicaciones a la competencia. Su enfrentamiento –en el que estuvo involucrado el entonces titular de la Cofetel, Héctor Osuna– tuvo su desenlace el día que la entonces subsecretaria trató de entregar un CD con escuchas ilegales que incriminaban a Téllez con tratos con funcionarios de empresas televisivas y con el ex presidente Carlos Salinas de Gortari.

Esa imprudencia generó uno de los mayores enojos de Calderón en los seis años que pasó en Los Pinos, pero la funcionaria federal defendió quijotescamente –como ahora– la pertinencia de sus empresas.

“Su caso sólo reitera que la política se ha vuelto un gran negocio”, observa con tristeza la ex perredista Lorena Villavicencio, “y que han vuelto los tiempos del agandalle, donde se aprovechan del ejercicio del poder para obtener prebendas y contratos. Es un mal que comparten priistas, panistas y perredistas”.

Villavicencio, ex presidenta de la Asamblea Legislativa del DF, habla con conocimiento de causa. Hace una década, los videoescándalos tumbaron a René Bejarano y marginaron de la política partidista a Rosario Robles. En aquella época, pudo usar –al menos en tres ocasiones distintas– expedientes políticos para afectar a otros legisladores o dirigentes partidistas. “Ese no es mi estilo”.

El caso Carpinteyro ocurre en una época donde la paridad de género obliga a que los partidos políticos otorguen la mitad de sus candidaturas –en el caso de elecciones federales– a las mujeres, en cumplimiento con el mandato de la reforma constitucional. En el Distrito Federal, Olivia Garza de los Santos, asambleísta del PAN, construye una alianza entre mujeres de todas las formaciones políticas, para instaurar ese principio a nivel local y obligar a los partidos a ceder la mitad de sus candidaturas a jefes delegacionales y diputados a la ALDF a las mujeres.En el caso del PRI, no deberán esperar a una adecuación del marco legal. Y es que según ofreció José Encarnación Alfaro, secretario de Organización del CEN del PRI, durante una reunión con las bases partidistas, el pasado viernes 21, para las mujeres serán la mitad de las candidaturas en el 2015… en compensación por el arribo de Tonatiuh González Caze a la secretaria general del comité directivo regional en el DF.

La renovación obligada de la dirigencia del PRI-DF no puede explicarse más que por la presión ejercida por distintas agrupaciones de mujeres, indignadas por las conductas del anterior líder estatal, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, y su entourage. Pero en el proceso de reemplazo, la cúpula perredista decidió ignorar los artículos 37 y 160 de los Estatutos, que obligan a la elección de presidente y secretario general en fórmula, y garantizan que haya paridad de género dentro de la composición de esa mancuerna.

Y por el contrario, cerró la posibilidad de que una mujer llegara a la secretaría general. De manera indirecta, forzó a la mayoría de las interesas en competir por ese cargo –entre ellas Araceli García Rico, funcionaria de Indesol, y Sonia Salazar, secretaria técnica del Issste– a desistir de sus aspiraciones, en aras de la unidad partidista. Solo Verónica Martínez Sentiés, lideresa social y ex candidata a diputada local en la Miguel Hidalgo, acudió a registrarse, pero le negaron esa prerrogativa.

Martínez Sentiés es fundadora, junto con Villavicencio, de la agrupacion Mujeres de Hierro, que pugna por la restauracion del PRD en la capital de la República a partir de una “profunda renovación moral”.

“No queremos llegar a posiciones de poder por componendas o diatribas”, insiste Villavicencio, quien entiende que la caída de Carpinteyro es un severo golpe a las mujeres de todos los partidos politicos.

Martínez Sentiés, por lo pronto, decidió combatir jurídicamente a la nueva dirigencia partidista.

El viernes vence el plazo para que esa instancia resuelva sobre esos recursos. Martínez Sentíes ha decidido ser institucional y en una segunda instancia, acudiría a la Comisión de Justicia Partidaria del CEN priista, antes de optar por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

por   /  Signos Vitales / elarsenal.net / Correo electrónico: [email protected]

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