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Opinión

MENTIRAS VERDADERAS

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Si nos diéramos a la tarea de contar las gotas que caen en una lluvia, nos resultaría imposible definir un número claro, conciso; y en la misma situación nos veríamos si al menos intentáramos contar el increíble número de mentiras que a diario emitimos en todos y cada uno de los ámbitos en el que nos desenvolvemos.
La fuerza de la costumbre a creado en nosotros una cortina que impide que veamos lo que sucede en nuestra forma de hablar y actuar; así, por ejemplo, decimos a manera de justificación que son mentiras piadosas y la verdad es que, aunque piadosas, no dejan de ser mentiras; o bien argumentamos que no fue nuestra intención mentir, sin embargo, tampoco lo fue el querer decir la verdad.
Bien reza el refrán que dice: “entre piedrita y piedrita se llena el jarrito”, y aunque para algunos su jarrito es de mayor tamaño, tarde o temprano éste se llenará llegando de una manera obligada la verdad, ya sea ésta hacia nuestra vida reconocida u oculta, y por tanto consciente o inconscientemente habriamos hecho una vida a base de puras mentiras.
Y aquí viene lo absurdo y contradictorio…mi verdad es una gran mentira; pero una mentira tan verdadera como los frijoles que a diario ingerimos, una mentira tan verdadera en que ha llegado el momento en que podríamos creer firmemente que es una forma de vida adecuada y exitosa, pues de una manera un tanto “pilla” siempre nos salimos con la nuestra.
Los esquemas de vida en el que hoy nos desenvolvemos, nos han venido marcando con el distintivo de que tienes que mentir, pues la mentira se ha convertido en una especie de dogma, en un símbolo de la persona “lista”, pues se manifiesta lo contrario de lo que se piensa y se piensa lo adecuado a las pretensiones que se pueden tener para conseguir lo que se desea.
Lo grave de todo esto es que tan común se ha hecho la mentira como parte de nosotros, que muy posiblemente llegará el momento en que ni nosotros mismos nos daremos cuenta que nos estamos mintiendo, ya no con mentiras verdaderas, sino con verdades mentirosas.
Así pues, es de lamentarse que una vida pueda llegar a ser como un rascacielos “enorme, impresionante, hermosísimo” …pero al fin y al cabo hecho de toneladas y toneladas de mentiras, y más triste es que tengamos que habitar con todos nuestros seres queridos dicha edificación sin más esperanza, que aquella que nuestro grado de conciencia nos conceda.
Como para reflexionar… ¿no creen?
Hasta la próxima.

ATT: “EL ROPAVEJERO”

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