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Opinión

La nueva mano de Dios

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La expresión de Mario Ángel Flores Ramos, rector de la Universidad Pontificia de México, era de desconcierto. No esperaba un papa jesuita, con 75 años encima, y menos un argentino.

En sus cálculos había casi descartado a los latinoamericanos. “Somos más arriesgados, menos institucionales”, explicó el sacerdote.

En lenguaje más coloquial –que no quiso usar– somos más desmadrosos.

La elección de Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, como sucesor de Pedro, acababa de producirse. Una hora antes había aparecido el humo blanco en las pantallas colocadas en las instalaciones de Proyecto 40, donde había sido invitado para comentar el cónclave cardenalicio.

“Es una decisión valiente de los cardenales, como lo hubiera sido África”, nos comentó el rector, mientras se enfilaba hacia la salida del estudio.

“Formalmente se piensa que Europa está preparada, que los mejores están en los grandes países desarrollados. Es un primer dato. Los latinoamericanos no somos Europeos. Aunque hay que decir que Argentina es la parte más europea de Latinoamérica”, dijo.

La elección de Bergoglio fue una sorpresa. “No estaba ni en quincuagésimo lugar”, destacó el padre Flores. Otra sorpresa es la edad. “Se había hablado de un papa joven, fuerte, con mucho vigor y tenemos un papa de 75 años. Pero tiene a su favor todo su recorrido”, equilibró.

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La nacionalidad Francisco fue tema de todas las conversaciones y despachos de prensa. “El Dios del Futbol es argentino y ahora también el Papa”, declaró Diego Maradona, apenas se enteró que su paisano era el sucesor de Pedro.

El británico Daily Mirrior supo jugar con las declaraciones que el otrora brillante futbolista hizo en el mundial México 86 por aqueo, polémico gol que le anotó a Inglaterra. En forma ocurrente tituló su portada: “La nueva mano de Dios”.

A Bergoglio lo describe la prensa argentina como un hombre modesto y austero. “Nunca ha vivido en una mansión eclesiástica. Ha preferido una cama sencilla en un cuarto céntrico”, dice su biógrafo oficial, Sergio Rubin.

No es un teólogo de la liberación, ni un tercermundista, pero pasa mucho tiempo en vecindarios pobres. Su relación con el oficialismo argentino es áspera. Es un feroz opositor a los matrimoniosgays.

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Uno de los contrastes más notorios entre el jefe de gobierno del DF, Miguel Mancera, y su predecesor, Marcelo Ebrard, es la relación con el gobierno federal. Ambos llegaron al Palacio del Ayuntamiento postulados por la izquierda, pero en una coyuntura radicalmente diferente.

Marcelo permaneció buena parte de su sexenio secuestrado por el conflicto de Andrés Manuel López Obrador con Felipe Calderón. Le rehuía a los actos con el entonces presidente. Su cálculo lo llevó a asumir actitudes hasta groseras con el panista. Ni la mano la daba, temeroso de que las cámaras lo captaran.

Un gesto amable con “el espurio”, como llamaban a Felipe los seguidores del tabasqueño, y lo colgaban los fundamentalistas del amarillo.

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Marcelo, hay que reconocerlo, fue un buen gobernante. Amplió las libertades cívicas. Le dio auge al Metrobús. Amplió los segundos pisos. Ayudó a los desposeídos. Se ganó el respeto de amplios sectores de la sociedad. Hubiese sido un buen candidato de la izquierda, pero perdió su momento en aras de no dividir a la izquierda. Se hizo a un lado ante López Obrador.

Hoy, paradójicamente, René Bejarano, el señor de las ligas, representa su única posibilidad de llegar a la presidencia nacional del PRD.

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Mancera, por el contrario, inició su mandato con una relación más que fluida con Peña. Va a todos los eventos que lo invita el presidente. No piensa cambiar su conducta con el jefe de la Nación. Marcelo le heredó una deuda de 4 mil millones de pesos con ICA por la Línea 12 del Metro. Eso equivale al presupuesto de la Procuraduría capitalina, o de dos o tres delegaciones.

El jefe de Gobierno sabe que necesita recursos que sólo el gobierno federal puede facilitarle. Las necesidades de la Ciudad son enormes. Seguridad, transporte, agua. Una buena relación con el presidente de la República ayuda para que la Secretaría de Hacienda afloje la lana. Su compromiso es con los defeños. Ganó con casi el 70 por ciento de los votos. ¿De esos cuántos eran perredistas?

¿Para qué enfrentarse con Peña?

El jefe de Gobierno sabe que va a llegar el momento en que tenga que confrontar al presidente de la Republica. “Pero no al arranque es sexenio”, subraya.

Mancera dirigirá esta mañana un mensaje a los capitalinos con motivo de los 100 días de su gobierno. ¿Su divisa? “Iniciamos cumpliendo”. No faltará quien recurra al tema de los perros asesinos de Iztapalapa para tratar de descalificarlo. Ya lo verá.

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Gerardo Ruiz Esparza se estrenó ayer como compareciente en San Lázaro. El titular de la SCT fue a explicar a los diputados, encabezados por Manlio Fabio Beltrones, la muy celebrada reforma en telecomunicaciones. No le fue mal. Los voceros del secretario aseguran que de 300 adhesiones al inicio de la reunión, al término se habían acumulado 340.

Otro que salió contento es Guillermo Ruiz de Teresa, coordinador de Puertos y Marina Mercante de la SCT. Ofreció a los diputados de la Comisión del ramo modernizar los olvidados puertos mexicanos.

Del dicho al hecho…

FIN.

Por: Francisco Garfias. / elarsenal.net

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