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Opinión

Generación perdida

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Rubén Cortés

Es insultante: para que nuestros niños reciban educación adecuada, es casi imprescindible que los padres paguen escuelas privadas. En las públicas, 70 por ciento sale de primaria sin leer con fluidez ni comprender textos.

 

Según la SEP, los egresados de primaria deben leer 125-134 palabras por minuto y los de secundaria 155-160, pero sólo tres de cada 10 está dentro del estándar de lectura y comprensión.

En la mitad de los estudiantes de 15 años, el dominio de lenguaje y matemáticas no llegan a ser ni elemental y únicamente uno de cada 4 posee capacidad para seguir aprendiendo: en el 75 por ciento de ellos no se está cumpliendo el derecho a la educación.

Por ejemplo, los niños de escuelas controladas por la sección 22 de la CNTE en Oaxaca pierden hasta 100 días de clases porque sus maestros se dedican al vandalismo.

Veamos un estudio realizado mediante un dictado a un estudiante de primero de secundaria en una escuela de la CNTE en Oaxaca y a otro de cuarto de primaria en la escuela privada Thomas Alva Edison, del DF:

—En un texto de cinco párrafos de la materia de biología del primer año de secundaria, el adolescente proveniente de la sección 22, registró 47 errores ortográficos, confusión de letras y palabras, y caligrafía deficiente.

—En el mismo texto, el niño del TAE tuvo sólo nueve errores.

Pero los 47 errores del adolescente de la escuela pública de Oaxaca resultan garrafales; mientras que son triviales los nueve del niño de la escuela privada del DF, cuyos maestros sí imparten clases a diario.

Observemos:

—El de Oaxaca: “acctividad” por actividad, “dandole” por dándole, “proseso” por proceso (dos veces), “corecto” por correcto, “concluciones” por conclusiones, “oxigeno” por oxígeno (dos veces), “ala” por a la, “acion” por acción, “enlas” por “en las”, “fotosintexis” por fotosíntesis, “ojectivo” por objetivo, “yebar” por llevar, “acabo” por a cabo, “como” por cómo, “vibiografia” por bibliografía, “viologia”  por biología, “ojas” por hojas (dos veces), “porrua” por Porrúa, “berdes” por verdes….

—El del DF: “dandole” por dándole, “acabo” por a cabo, “como” por cómo, “max” por Max, “calderón” por Calderón, “nociones” por Nociones, “porrua” por Porrúa, “este” por éste y “cubriendole” por cubriéndole.

Según estudios de Mexicanos Primero, Oaxaca necesitaría 33 años para igualar el nivel educativo del DF.

Así lo que provocan sus “maestros” en el adolescente oaxaqueño es criminal al hacerlo parte de una generación perdida. Pero no olvidemos que el niño del DF podrá recibir su actual educación sólo si sus padres no pierden el empleo. Un circulo vicioso, pues.

¿Y quién tiene la culpa?

El Estado, que no garantiza lo que exige la Constitución: una educación pública gratuita y de calidad.

 

elarsenal.net

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