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Opinión

¿Fin del neoliberalismo?

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Alejandro Rodríguez Cortés*.

Consistente, como lo ha sido desde su campaña en cuanto su “enemigo a vencer para cambiar a México”, el presidente Andrés Manuel López Obrador decretó la muerte del neoliberalismo en nuestro país. Así lo hizo al cerrar las consultas para elaborar el nuevo Plan Nacional de Desarrollo, el pasado domingo.

El obituario dominical se contradice, sin embargo, con la necia realidad. El llamado neoliberalismo no nació por decreto ni por alguna ocurrencia. La historia económica desembocó en un entramado global de intercambio de dinero, bienes y personas. Difícil entender esa declaración en la realidad y no como un recurso retórico que es la base del discurso lopezobradorista para darle mayor participación al Estado en la actividad económica, y para volcar recursos fiscales a transferencias sociales directas.

Más que un buen deseo, que lo es, paradójicamente creo y espero que el actual gobierno mantendrá intocables los principios económicos clave del propio neoliberalismo: finanzas públicas sanas -esto es, no gastar más de lo que se ingresa-, autonomía del Banco de México para que éste decida la política monetaria, y un manejo responsable de la deuda pública.

La primera señal de ello es que, a 48 horas de la esquela mortuoria del neoliberalismo, el propio Presidente de México afirma que se respetarán los contratos firmados con empresas privadas nacionales y extranjeras para explorar y explotar yacimientos de petróleo, y que Pemex competirá con ellos. O sea, el perverso neoliberalismo murió, pero su alma en pena nos seguirá “jalando las patas”.

Y precisamente hablando de Petróleos Mexicanos, todos esperábamos un nuevo plan de rescate financiero de la empresa -recursos frescos, pues- ante el evidente y costoso rechazo que los mercados y las calificadoras manifestaron a un primer anuncio en ese sentido hace unas semanas.

Los números nuevos no llegaron y sí la reiteración de lo que menos gusta a los analistas: la construcción de la Refinería de Dos Bocas en Tabasco, que sí va y que ya tiene una convocatoria restringida a 4 empresas extranjeras para que hagan un primer planteamiento de su compleja edificación.

Como ya no hay “mafia en el poder”, porque ésta se fue con el neoliberalismo, no importa que estas 4 grandes corporaciones -con capitales estadounidenses, italianos, franceses y australianos- hayan estado ya involucradas en escándalos de corrupción en contratos para construir refinerías. Son las mejores y además, si hay demandas de corrupción, éstas no son en México, dice seguro López Obrador.

Tampoco parece tener relevancia dar datos que no corresponden a la realidad. El gobierno de la 4T presume que estas empresas han construido un promedio de 150 refinerías cada una en todo el mundo, cuando no hay más de 700 complejos de este tipo en el planeta, según los especialistas.

Todo se perdona y nada se cuestiona. Lo importante es que el neoliberalismo haya muerto.

En fin, que la Secretaria de Energía Rocío Nahle se enorgullece en enumerar las complejas bases de la convocatoria, y la titular de la Función Pública celebra en Twitter la abolición de la esclavitud (como lo oye), provocada por el neoliberalismo.

No cabe duda que estamos en una época refundacional, abolición incluida. Pero no importa, mientras que el Presidente de la República aparezca en la boleta de la elección intermedia de 2021 (aunque tenga que jurar y perjurar que no se va a reelegir), y mientras se sigan liberando recursos para las transferencias sociales a toda la clientela electoral posible.

¿Descanse en paz el neoliberalismo? ¿O hago como que te mato para no regarla? ¿O sí te quemo para que luego renazca como Ave Fénix?

Inventen un término para lo que viene y anticípele el prefijo “post”.

*Periodista, comunicador y publirrelacionista

@AlexRdgz

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