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Opinión

ÉRASE UNA VEZ…

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Todos en algún momento hemos oído decir o bien hemos dicho… ¡todo tiempo pasado fue mejor!, de lo cual se desprendería un cierto número de preguntas que podrían poner en tela de juicio tal afirmación, sin embargo, y por mero ejercicio, pongámonos en el supuesto de que tal afirmación sea cierta.

Preguntémonos… ¿Qué los hizo mejores?, ¡porque ambición la hubo antes y la hay ahora!; crimen hubo antes y ahora; traición hubo antes y ahora; hipocresía hubo antes y la hay ahora; bondad la hubo antes y la hay ahora, etc. ¿Y entonces?… ¿que hubo antes que no existe ahora? ¿Qué condimento tuvieron las acciones de antes que no lo tienen las de ahora aun siendo las mismas, o muy parecidas?

Si le preguntáramos a un maestro de la cocina nos diría tal vez que no es cuestión de condimentos solamente, que el tiempo de cocimiento, así como el amor en su preparación son factores decisivos para la calidad y sabor de cualquier alimento que se considere como algo bueno dentro del arte culinario; por lo tanto, podríamos afirmar que todo es cuestión simple; hagamos lo que dice la canción… “dar tiempo al tiempo”.

Reza el refrán “la impaciencia es la madre de la estupidez”. Nuestra vida actual tan agitada, tan mundana, tan materializada, tan convencional, tan llena de glamour y éxito, pero desgraciadamente tan llena de impaciencia e intolerancia (cuando así nos conviene), es un modelo de vida que de alguna u otra forma se nos ha impuesto de una manera silenciosa pero gradual, y sobre todo…” EFECTIVA”; una forma de vida que ya de años atrás viene dando sus primeros frutos jugosos, a todos y cada uno de los que tienen el poder en sus manos de manera temporal o permanente.

Así pues, nos hemos convertido sin pensarlo o desearlo en esclavos de nosotros mismos, de nuestra estupidez, de nuestra ceguera que impide ver con claridad los pasos que vamos dando en el derrotero de la vida personal, social y humana. No estamos dispuestos a cocinar a fuego lento, pues tal parece que nos gusta cocinar con soplete y en caso grande, no estamos dispuestos a darnos la oportunidad de demostrarnos que el secreto está en cómo se vive la vida, no hemos querido entender que lo mejor no es cuestión de épocas sino de mentalidades.

Algo así como cuando contamos cuentos a nuestros hijos y sin notar que todos o casi todos decimos “érase una vez”, pues lo importante y sustancial para el niño no es lo que dice, sino cómo se dice; la forma en que lo contemos es decisiva para despertar en é,l el mundo de los sueños, la fantasía y en un futuro la capacidad creativa. así pues, lo importante de épocas pasadas o actuales no es lo que hubo o dejó de haber, o lo que hay, sino más bien la forma en que las hubo o bien las que pudiera haber.

Generalmente se habla de tomar actitudes positivas ante la vida y es verdad, sin embargo, nosotros somos en sí mismos la actitud más grande ante el deseo de vivir la vida; el éxito está en nosotros mismos, en las formas y no solo en los contenidos.

Tenemos el libro de nuestra vida en las manos, pensemos qué vamos a escribir en él, pero sobre todo cómo lo queremos contar antes de decir para nosotros mismos “érase una vez…”   Hasta la próxima…                                                                                            

                                                                                       ATT: “EL ROPAVEJERO”

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