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Opinión

Crónica de un mosquetero de la música tradicional y de protesta

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Por : Servando Rueda Cázares, Cronista Municipal Ayuntamiento 2018-2021

Les comparto la crónica que hice de la presentación de Oscar Chávez en la plaza cívica Benito Juárez, el 17 de marzo de 2002, con motivo del XI Festival de la Mariposa Monarca, y que en esa ocasión el evento fue respaldado por el entonces alcalde Silvano Aureoles Conejo, y la directora de Promoción y Difusión Cultural, Celia Carmona Romaní. Y esta es la crónica.

“Complaciente con el público, pero lacónico y evasivo con la prensa, Oscar Chávez rompió la normalidad de un domingo en la vida de los zitacuarenses, pues dejó constancia de que su música sigue viva entre pueblo, y que los años lo han ido puliendo.


Y aunque lo dice el dicho “no es lo mismo los tres mosqueteros que 20 años después”, pero Oscar sigue siendo el mosquetero de la música tradicional y de protesta, pues tuvieron que pasar casi 25 años para que de nueva cuenta ver a Chávez.


Acompañado de Los Morales, Julio, Carlos y Héctor, Oscar Chávez deleitó a los miles de asistentes a la Plaza Benito Juárez, con sus éxitos de ayer, hoy y siempre.

Desde temprana hora, casi a las 4 de la tarde, llegaron los primeros asistentes al jardín a ocupar las sillas y antes de las 5 de la tarde, ya estaban ocupadas todas, en tanto el astro rey dejaba caer sus rayos, por lo que muchos tuvieron que ir a comprar sombreros y paraguas, para ir capeándola, en tanto helados, agua y refrescos fluían.


Antes de que Pepe Rubio empezara a calentar plaza, se arría la Bandera y todos los asistentes, en su gran mayoría, atestiguan el hecho con respeto, aunque no faltaron los despistados que ni el sombrero se quitan.


Viene el trovero Pepe Rubio y el ánimo va subiendo poco a poco, y al final de su actuación el público le pide no otra, sino otras, y Pepe complace al respetable.
Después el alcalde Silvano Aureoles Conejo, acompañado de Celia Carmona Romaní, haga la clausura del XI Festival de la Mariposa Monarca.


El alcalde Angangueo, Jorge Martín Arizmendi González también hace acto de presencia y se sienta junto al tesorero Pascual Sígala Páez. Los funcionarios, familiares, amigos de éstos y los medios de comunicación están en las 2 primeras filas del sillerío.


En esta ocasión, el profesor Francisco Hernández, mejor conocido como Pafin, toma las medidas pertinentes para que la gente que llegó tarde al evento no tape a los que están sentados y que esperaron un buen tiempo, además de una buena asoleada, para ver a Oscar Chávez.


La presencia de los elementos de Seguridad Pública imponen respeto.
Y ante la mirada impasible de Benito Juárez, después de las 18 horas hace su aparición Oscar Chávez, y se reencuentra 25 años después con los de Zitácuaro, acompañado de los hermanos Julio, Carlos y Héctor Morales, que lo mismo tocan el arpa, el bajo, el requinto, el acordeón y la acústica.
Y empiezan con la melodía “erre con erre cigarro, las ruedas del ferrocarril”, y luego un bolero, pero es con Flores Negras con la que el público se entusiasma, y de allí ya no bajaría el entusiasmo del respetable.
Bella Mariana se deja escuchar y viene a reiterarse el ánimo con el corrido de Juan Nepomuceno Cortina, No Vuelvas a Buscarme y el son veracruzano El Ticul son interpretados, ya cuando el sol se va perdiendo en el poniente.
Cuando toca el Pájaro Cu, los hermanos Morales hacen el sólo con arpa y el bajo, en lo que parece un duelo musical, pero las notas nostálgicas del primer instrumento se imponen.

Perdón y la nota de “es todo lo que ansía mi pobre corazón”, en tanto los asistentes ya piden con impaciencia Por Ti, La Casita o Las Parodias, pero Oscar Chávez no quiere salirse de lo programado, y pide paciencia interpretando La Llorona.
Después invita a los presentes a bailar el danzón de Alfonso Esparza Oteo “Un Cruel Puñal”, que unos confunden el término y sacan sus propias conclusiones. Carmelo Cruz, de los vigilantes de la Profepa, es el primero en aventarse al ruedo con su pareja.


Y el mismo alcalde Silvano como Pascual son invitados a bailar por unas damas que no escatiman su entusiasmo. El regidor Julio Jaimes Venegas tampoco se queda atrás.


Pero después del faje y la bailada, el concierto toma un cariz político, cuando interpreta Oscar “Siempre alcanza la danza”, evocando el problema de Chiapas, las figuras de Marcos, Samuel Ruiz, los finqueros, los coletos, los indígenas y los 15 minutos de Fox, son evocados, pues todo sigue igual.


Los más recuerdan el paso de Marcos y toda la plana mayor del EZLN, en su paso por esta ciudad. El color de la tierra.
No podía faltar Mariguana y Héctor Morales pide “tierra y libertad; tierra pa’ sembrarla y libertad pa’ fumarla”, que luego da paso a “de tu querida presencia comandante Che Guevara”, y el hombre de la boina con su estrella y las barbas parece dibujarse en el cielo de la Tierra Heroica.


Los que de jóvenes o todavía son de izquierda reviven el “Patria o Muerte” de la revolución cubana “de izquierda, que no bateamos zurdo” aclara alguien.
Y por fin Oscar Chávez interpreta “Por Ti”, y es lo máximo, pues “El Estilos” de Los Caifanes hace vibrar los corazones, y todos la cantan en voz, baja, media o alta. Luego un huapango del mismo cantante “Quiero Pediros”.


No podía faltar Macondo, y de inmediato uno de imagina al coronel Aureliano Buendía, Úrsula, Úrsula Amaranta, etc., de la novela Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez, y nos recuerda que seguimos en el estilo de república bananera”.


Oscar ya se quiere despedir, pero los gritos de “otra, otra” lo hacen volver al escenario, y bajo los acordes, tan solo acordes de “Me he de comer esa tuna”, parodia del expresidente Carlos Salinas de Gortari y el público corea cada estrofa. Seguramente al pelón de los tóficos le tumbaron los oídos.


Ya ha caído la noche y como que Oscar Chávez “aquí se come y se cena a sus horas, estés o no estés” ya le anda por subirse al vehículo.


El alcalde Silvano Aureoles le hace entrega de un reconocimiento y Los Morales también reciben el suyo.
Chávez tiene que dar el “pilón-epílogo”, al cantar “Sin un Amor” y el público que no se ha cansado de aplaudirle, lo despide con estruendosa ovación, en tanto los chavos, los gruperos, los rockeros y hasta los hipnotizados por los narcocorridos reconocen “este Oscar sí que me gustó, pues no sólo canta bien; también echa chinadazos”.

Concluye el concierto y los reporteros tratan de entrevistar a Oscar, pero se muestra lacónico. “Este sí lee el Pica Pica porque le valen madre las represalias”. Es abordado por algunos fans que le piden su autógrafo y allí es más complaciente.
Así el mosquetero de la música tradicional y de protesta deja la plaza cívica y se va en su camioneta van blanca, no con rumbo desconocido, pues ya sabe que su destino es cantar, seguir ironizando a los que se portan mal con el pueblo, pero también dejó constancia que en el fondo es un romántico.

Cayó el telón del XI Festival de la Mariposa Monarca (que apoyó con todo Silvano Aureoles) con un concierto músico-político-protesta y lo que se quiera agregar, porque Oscar Chávez no es para los pudorosos que se espantan con que eluda los problemas sociales que vive el país.


Sino para aquellos que ven una esperanza que un día vieron (y escucharon) a Oscar Chávez y ya no se quedaron como mudos testigos de la realidad, sino que algo tienen qué hacer al respecto”.

Así pues se recuerda a Oscar Chávez, el Comandante, el Mosquetero, el Referente de la música de protesta en México, en su estadía en Heroica Zitácuaro, Michoacán, hace 18 años.

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