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Opinión

Ay, Dios, haz que parezca pobre

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Rubén Cortés.

El Ejecutivo acabará doblando al Poder Judicial, por la vía populista del culto a la justa medianía en la que deberán vivir todos los ciudadanos, hasta que esto acabe en unos siendo más iguales que otros y todos vigilándose para ver de dónde cada quien obtiene para tener lo que tiene, usa, come, viste, bebe.

Pero, mientras, el contencioso entre el Ejecutivo humilde y el Judicial podrido en dinero y lujos ha provocado que la Secretaria de Gobernación haya tenido que donar sus 107 mil pesos de sueldo a una casa-hogar de Querétaro, porque el dinero ya es una costra tenaz en las esferas del poder político.

Y pronto empezará a ser una costra tenaz de ahí para abajo: en todos los estratos de la sociedad. Pero, en tanto llega esa etapa en la que todos estarán vigilándose para ver de dónde cada quien obtiene para tener lo que tiene, usa, come, viste, bebe… Olga Sánchez es una protagonista involuntaria.

Sí: en breve llegará el momento en que estará de moda entre los mexicanos la plegaria de “ay, Dios mío, haz que parezca pobre y aflojado en terracería”, cuando hasta poco el ruego era “ay, Dios mío, haz que parezca exitoso y más joven”.

En lo que llega, lo de hoy es contar dinero en público y soltarlo como lastre. Por ejemplo, la Secretaria de Gobernación regaló su sueldo correspondiente a ese cargo, que es el ingreso menor que recibe de parte del Estado mexicano, y decidió quedarse con el de mayor monto.

Porque Olga Sánchez era ministra de la Corte, de la misma Corte que hoy es exhibida en la plaza pública como un palacio habitado por potentados y vividores del pueblo. Y, como exministra, su haber de retiro asciende a 258 mil pesos mensuales: más del doble del sueldo de Secretaria de Gobernación.

Ya, en la búsqueda de la justa medianía, la Secretaria tuvo que dejarse notar en la cabellera las canas de sus 72 años de edad, y usar una vestimenta modesta, opaca, ajada, diferente a la que lucía en sus cercanos días de ministra de la Corte.

De todos modos, la también senadora con licencia recibe una pensión 53 mil pesos mayor a la que ya fue retirada a los expresidentes de la República, un dinero que, según promesa del actual Presidente, “necesitamos ahorrar para financiar el desarrollo”.

A saber, son 258 mil pesos mensuales (los exmandatarios tenían 205 mil), además de 25 mil pesos de jubilación del ISSSTE, gastos de alimentación sin límites, aguinaldo de 344 mil pesos, celular gratis, seguro de gastos médicos mayores, personal de ayudantía, dos coches.

¿Lo merece? Claro. Y más todavía. Pero eso ocurre cuando se sataniza al dinero.

Siempre es mucho.

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