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México es el maestro que nos enseña a levantarnos, que cuando le han querido someter se subleva y que cuando necesitamos en donde vivir nos cobija.

México es el maestro que nos enseña a levantarnos, que cuando le han querido someter se subleva y que cuando necesitamos en donde vivir nos cobija. México es el maestro que nos enseña a levantarnos, que cuando le han querido someter se subleva y que cuando necesitamos en donde vivir nos cobija.

Siempre que nos referimos a las profesiones más antiguas salen a relucir aquellas poco propias y muy populares, todas y cada una de las que pudiéramos recordar cumplen y cubren una necesidad social desde aquellas que tiene que ver con los placeres carnales hasta las que requiera de un alto nivel de especialización para su desarrollo.

Trabajos que inspiraban  a los niños y niñas y que deseaban una vez siendo mayores ser y vivir haciendo eso; dedicarse a manejar aviones, a ser parte de la tripulación en vuelo o a pagar incendios eran un sueño.

Aunque no lo crea algunos soñábamos con ser policía y cuidar de los demás, y por supuesto ser maestro y llegar todos limpios a dar la clase, ser como la maestra de la mejor sonrisa y como el maestro que siempre vestía tan formal y su mirada era de un dulzura que a cualquiera en el salón de clase robaba una sonrisa, a esta profesión tan antigua como la de muchos siglos hemos de hacer remembranza y no como un trabajo, si no como el de la vocación que mostraron tantos maestros que al momento de leer estas líneas usted recuerda.

En mi caso, de entre tantos maestros de los que goce su enseñanza fue el de la maestra Leonor (que le dio clases a mi madre, mi padre y mis hermanas) quien  sola atendía en un mismo salón todos los grados y aunque ciertamente se acercaba la vara para de ser necesario reprender con el premiso previo de los padres y madres de familia, recuerdo que se refería a cada uno por su nombre, jamás nos puso un apodo y cuidaba que nadie más lo pusiera, nadie permitía que nos golpeara y si lo hacían al darse cuenta para eso usaba la vara. Seguramente usted tendrá su propio recuerdo de uno o una maestra así, pero de la profesora  que les hablo jamás le merecí ningún golpe, si no por el contrario lo más fueron comentarios de ánimo y empoderamiento.

La  historia de la escuela en México, tiene lapsos brillantes, ilustrativos y hasta sangrientos, selecciono la escuela prehispánica en la parte exclusivamente que acercaba a la naturaleza, que hacía sentir parte a las aves, a la montaña, o a los arboles del mismo hombre, y desde luego la escuela rural mexicana como la más brillante experiencia escolar por la cercanía con la comunidad, por las caravanas culturales y por los intelectuales de la época que la planearon y ejecutaron (José Vasconcelos, Torres Bodet, Ramírez Castañeda, Moisés Sáenz, entre otros), mención especial la escuela socialista  que permanecía en durante la indeseable guerra cristera. Cada etapa tuvo sus características y sus asuntos a favor y en contra, pero en cada etapa de las mencionadas quienes fueron el ángulo principal  además de los alumnos fueron y son las maestras y los maestros.

En el caso de las maestras que siempre se pensó en su entidad femenina como la idónea para enseñar y al incorporarse a los hombres al mismo quehacer se les llegó a pagar por mitad a sus colegas, algo a todas luces injusto. Con el paso del tiempo por fortuna social se han igualado las cosas y gracias a eso muchas maestras disfrutan de las mismas prestaciones que los de sus compañeros docentes.  También con el paso de los años factores sindicales, y la sectorización del gremio han llegado a impedir la libre y correcta impartición de la cátedra, por ello este escrito y estas líneas que invitan a reivindicare en cada tema, en cada clase y a cada día la labor docente. Analítica, critica, profesional.

México requiere maestras y maestros comprometidos con el quehacer de enseñar, que enamoren a sus pupilos de la vida y de la tierra, de la profesión docente y de sí mismos, no hace falta más que vocación y voluntad de llegar al aula y no esperar la quincena, si no que el niño o la niña tengan herramientas para la vida, pedagogos capaces de hacer soñar en un mundo mejor, más sano y mas propio, formar generaciones de campeones que amen a su  patria y a su familia, lo que podrán lograr, acercándolos al mundo mágico de la lectura, la razón razonada de los juegos de mesa, y el equilibrio y destreza que proporcionan las actividades artísticas y la educación física. Imaginemos que México es el maestro de todos nosotros y que cada que sucede una tragedia nos enseña a levantarnos, que cuando le han querido someter se subleva y que cuando necesitamos en donde vivir nos cobija. 

Por Tayde González Arias   /  Arena suelta 

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