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¡Nuevamente las fugas de prisión!

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Nuevamente las cárceles son tema de conversación en estos días, las fugas de reos de alta peligrosidad dedicados al crimen organizado es un tema pendiente en los tres niveles de gobierno.

La fuga de José Esparragoza Monzón, hijo del legendario capo “Azul” Esparragoza y cuatro integrantes del cártel del Pacífico de la cárcel estatal de Culiacán, no es casualidad, no es algo que ocurrió en un solo día.

De acuerdo a la Información Filtrada de las autoridades federales, un “jefe” del Cártel del Pacífico lo “saco” para que lo apoyará en su lucha para encabezar esta organización criminal.

Eso se verá en las próximas semanas, lo que se debe resaltar, es la fragilidad y corrupción que tiene todas las cárceles en México, fragilidad y corrupción, mezcla aprovechada por las organizaciones criminales.

Esto se debe a la nula aplicación de esquemas de readaptación al interior de las cárceles mexicanas van de la mano con la añeja infraestructura penitenciaria, un claro ejemplo son el Centro de Readaptación Social de Jilotepec, en el Estado de México, y la cárcel distrital de Miahuatlán, Oaxaca que fueron edificadas en los años 1600 y 1620, respectivamente.

 A decir de Comisión Nacional de Seguridad que de los 438 centros penitenciarios, el 40 por ciento fueron construidas hace más de 40 años, lo que sobrepasa su capacidad ocupación en más del 50 por ciento.

Un ejemplo de que las instalaciones carcelarias se están volviendo obsoletas, la mayoría ya no cumplen su función. 

De las instalaciones penitenciarias estatales y municipales: 27 son anteriores al siglo XX, cuya capacidad representa apenas el 1.75 por ciento del total de espacios en el sistema penitenciario. 72 fueron inauguradas en lo que va de esta década y su capacidad representa el 25 por ciento del total de camas en el sistema.

 En este contexto, la Estrategia Penitenciaria Federal busca promover entre las entidades y el Distrito Federal tres formas de cooperación:

Intraestatal, a fin de aprovechar y operar de manera eficiente la infraestructura penitenciaria que tiene cada estado; Interestatal, para potenciar la operación y las capacidades de las autoridades locales con una visión de alcance regional que aporte soluciones a la problemática penitenciaria.

Con autoridades judiciales, para incorporar en los procesos de sentencia consideraciones sobre el hacinamiento de la población penitenciaria y la disponibilidad de infraestructura en todo el sistema y no sólo en las ciudades capitales de los estados.

Estas acciones permitirán reducir el hacinamiento que hoy tiene la población en reclusión y evitar la contaminación criminógena, que resulta de mezclar internos con distintos grados de peligrosidad, así como fortalecer los procesos de reinserción social.

Las cárceles en estado crítico de sobrepoblación se localizan en Chipas, Guanajuato, Guerrero estado de México, Hidalgo, Michoacán, Puebla, Sinaloa, Sonora y el Distrito Federal; sin embargo, todas en poder del crimen organizado.

POR RAÚL FLORES MARTÍNEZ   /  COLUMNASINFORMACIÓN FILTRADA  / elarsenal.net

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