Grabaciones ilegales a Josefina Vázquez Mota, hijos extra matrimonio de Enrique Peña, filtraciones sobre viejas investigaciones a ex gobernadores priístas… mucha basura y pocas propuestas serias de país: eso estamos viendo durante el proceso electoral.
El Leitmotiv de las precampañas es enlodar al adversario, en la idea de que la competencia electoral es una guerra y, como en la guerra todo se vale, se recurre a denigrar, calumniar, difamar y usar de manera facciosa las instituciones del Estado.
Algo lamentable, porque este afán de polarización, revanchismo y degradación de la vida pública se inserta en un momento en que vivimos la violencia de la guerra el narcotráfico, que en cinco años registra unos 50 mil muertos.
Claro que la política no es una escuela de señoritas e incluye los golpes bajos para aventajar al adversario, pero dentro de ciertas reglas de juego y no dentro del envilecimiento que los teóricos denominan “campaña de contraste”.
Es lamentable la ausencia de temas como la necesidad de un Estado eficaz para una seguridad social universal. Es cierto que Peña menciona el tema en su libro México, la gran esperanza.
Pero el priísta tiene que dedicarse más a defenderse de los ataques en su contra que a explicar su oferta de gobierno, en especial la relacionada con la necesidad de contar con una seguridad social universal.
Una lástima, porque tenemos una seguridad social segmentada y fragmentada. Únicamente 51 por ciento de la población tiene acceso a la salud, pensión y seguro de riesgos en el trabajo. Además, nadie tiene seguro de desempleo.
Es cierto que el Seguro Popular (surgido durante el sexenio del panista Vicente Fox) empadrona, pero no otorga salud universal. De hecho, el acceso a la salud, sumando al Seguro Popular, llega al 85 por ciento de la población.
Él propone construir un Sistema Nacional de Seguridad Social, que incluya a la seguridad social como un derecho universal: es decir, que la salud y las pensiones sean un derecho de toda la población por el simple hecho de ser mexicanos.
¿Es una propuesta mala? ¿Es una propuesta buena? Pues hay que permitirle que la explique. Ah, pero a muchos parece importante más la capacidad procreadora del precandidato que lo que pretende hacer con un país de 115 millones de habitantes, si llega a ser presidente.
Por: Rubén Cortés, elarsenal.net
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