La ruptura con el partido de Elba Esther Gordillo permite a Enrique Peña plantear sin lastres el punto estratégico de su proyecto presidencial: rectificar el rumbo del desarrollo de México, pasando de su actual economía maquiladora, a una economía del conocimiento.
Porque, además de ganar, en las elecciones es igual de importante hacerlo con un proyecto. Y la alianza con el Panal, que es lo mismo que con Gordillo, deslegitimaba el esquema de Peña para cambiar por completo nuestro sistema educativo.
Peña ya no tendrá el aporte electoral del Panal, al menos no los resultados que registró en 2009, durante los comicios intermedios: 3.42 por ciento, equivalentes a un millón 181 mil 850 votos. Pero gana el apoyo del sector más joven de la sociedad, que es el menos identificado con Gordillo.
De hecho, el sucesor de Peña en la gubernatura del Estado de México, Eruviel Ávila, ganó el 3 de julio pasado con tres millones de votos, el 60 por ciento correspondientes a jóvenes de entre 18 y 28 años, debidos en gran medida a su propia campaña, pero también a la herencia de Peña.
Así que, distanciarse de Elba y tomar el tema educativo como caballo de batalla de su campaña dará a Peña la gran oportunidad de demostrar que lo verdaderamente de fondo de las campañas deben ser las propuestas hacia la población en los rubros más importantes de la vida colectiva.
Peña propone elevar la inversión en ciencia y tecnología hasta el tres por ciento del PIB. Una de sus ideas viene de comparar los desarrollos de México y Corea del Sur: el país asiático duplica el ingreso per cápita mexicano, gracias a su conformación como sociedad del conocimiento.
Mientras México invierte solo el 0.34 por ciento en ciencia y tecnología, Corea del Sur invierte ¡el cuatro por ciento! Por supuesto, que la propuesta peñista es buena y tiene lógica, pues le abre un futuro cierto al principal recurso del país, su niñez y juventud.
Pero tendrá que modificar el sistema educativo, lo cual resultaría imposible si le debiera parte del triunfo a su alianza con Gordillo, quien no solo regentea el Panal, sino es dueña del mayor sindicato magisterial y a quien la sociedad hace responsable del atraso educativo del país.
Si bien Gordillo es buena operadora política, su mala imagen pública la convierten en estorbo para sus aliados. Peña perdía credibilidad y su propuesta de México de pasar a una economía del conocimiento no podía despertar entusiasmo si iba de la mano de alguien como esta mujer.
De modo que ahora la campaña de Peña entra en un camino donde puede ser más fuerte: con propuestas y planteamientos para realmente sacar el país adelante. Y que le crean.
Por: Rubén Cortés, elarsenal.net
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