Otra vez, una denuncia por trata de personas que ocurre en prostíbulos de Cancún, Quintana Roo. Otra vez, una extensa cobertura mediática que exhibe la corrupción de funcionarios de los gobiernos priístas de aquella entidad del sureste mexicano e inclusive alcanza a servidores públicos de la administración calderonista. Otra vez, un empresario de orígenes oscuros, ligado con una poderosa fuerza política.
La diferencia, es que este escándalo que alcanza intensidades épicas ha tenido lugar en Argentina. Y en México, por contrapartida, ha pasado prácticamente desapercibido a pesar de que la historia es tan sencilla como contundente.
“Es una tremenda historia”, resumía la conductora del programa de ADN en la cadena 360 TV de Buenos Aires, cuando presentaba un extenso reportaje, “la de Lorena Martins, la hija de Raúl Martins. Ella acusó a su padre, ex agente de la SIDE, por regentear varios prostíbulos y obligar a prostituirse a mujeres, además de (entregar) coimas (sobornos) y otras tantas acusaciones más”.
La joven, quien residió durante una década en España, acababa de pasar por un áspero divorcio cuando decidió el año pasado regresar a su patria. Sin tener otra opción, se refugió en los negocios paternos; fue alojada en el edificio donde Martins manejaba subrepticiamente su imperio y la pusieron a realizar tareas administrativas.
Era inevitable que descubriera el sistema de pagos que allí recibían comisarios y jefes de la Policía Federal, las dádivas a inspectores y funcionarios del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Sus pesquisas la llevaron a toparse con evidencias de una red internacional de criminales y, después, a comprobar los nexos de su padre con el cártel de Los Zetas en Cancún, la trata de mujeres y los vínculos con funcionarios quintanarroenses y del Instituto Nacional de Migración de México.
Raúl Luis Martins Coggiola, ex agente de los servicios de inteligencia del régimen militar argentino, tuvo antros en Tijuana, Baja California, y en Playa del Carmen. Y las sospechas sobre sus actividades ilícitas se remontan hasta 1998, cuando la justicia argentina abrió una investigación, por presunto lavado de dinero. Ahora mismo, opera The One, en Cancún.
“Buscan gente que necesite dinero, que esté en una situación crítica, seleccionan a esa gente y le van ofreciendo dinero”, relató Lorena después de conocer la mecánica del reclutamiento de las chicas argentinas que fueron trasladadas a México, “al principio se muestran amables, las invitan a fiestas les dan un entorno para que sientan bien; les ofrecen plata (dinero) y luego las empiezan a presionar”. Al principio detalla las obligan a “hacer copas” (acompañar a los clientes del antro) y después, a hacer bailes eróticos, hasta que terminan prostituyéndose.
El escándalo brotó cuando la prensa argentina difundió fotografías del jefe de gobierno de Buenos Aires, Mauricio Macri y el empresario Gabriel Conde con muy “buena compañía” en uno de los locales de Martins. La justicia argentina inició una investigación sobre los nexos del ex agente de los servicios de inteligencia de la dictadura y el político bonaerense, quien pudo haber recibido donativos para su campaña de reelección.
Fue como una avalancha, que incrementó su intensidad cuando el diario bonaerense Página 12 presentó el testimonio de Clara, una de las chicas que viajaron a México, sobre las operaciones de Martins en Cancún, donde eran obligadas a brindar servicio sexuales gratuitos a los integrantes de Los Zetas y a funcionarios gubernamentales.
Mientras amaina la tormenta, el supuesto capo y proxeneta se refugió en México, mientras inicia su trabajo el juez Norberto Oyarbide. En paralelo, la Unidad de Información Financiera (UIF) del gobierno argentino ha solicitado ser parte acusadora, por lo que se ampliará la investigación sobre los tentáculos del crimen organizado de México en Argentina.
Por: Alberto Aguirre M, elarsenal.net
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