En plena temporada electoral, que incluye promesas de hasta construir puentes donde no hay ríos, los aspirantes deberían seguir el ejemplo puesto por el Gobernador del Edomex: revalidó su credencial de donador de órganos y tejidos.
Un gesto de Eruviel Ávila, más que político, humano, hacia quienes perdieron seres queridos por la tardanza en una donación: mi amigo Eliseo Alberto murió tras esperar un riñón compatible, que apareció cuando su organismo ya no soportaba un trasplante.
Porque somos un pueblo generoso para enviar donativos a damnificados en desastres naturales, como ahora por la hambruna entre los tarahumaras, pero poco al donar órganos para salvar vidas: sólo lo hacen 10 personas por cada millón.
Es también asunto de querer y no saber, como sucedió el jueves: un corazón trasladado en helicóptero a La Raza cayó porque el contenedor se volteó. Provenía de Guanajuato, pero sobrevivió y fue colocado en una chica de 20 años, gracias a la colaboración entre la SSP del DF y el IMSS.
Pero en especial al donante, algo escaso en México, donde son realizados unos dos mil trasplantes al año, cifra insuficiente en comparación con las necesidades.
El Congreso debería de aprobar una ley que resuelva las actuales insuficiencias legales para que los necesitados puedan ser trasplantados. Ahora, la falta de donantes y una burocracia, recóndita obstaculizan que los pacientes reciban órganos a tiempo.
Ello solucionaría uno de los motivos que más frenan esta práctica: la desconfianza en el destino de los órganos, por temor al supuesto tráfico, la comercialización y actos de corrupción para favorecer a quienes más puedan pagar por un órgano.
Sin embargo, el tráfico de órganos es más una leyenda urbana. Para trasplantar son necesarias condiciones muy específicas, como la compatibilidad entre individuos, hospitales altamente especializados y la aprobación y auditoría del Centro Nacional de Trasplantes.
Contrabandear órganos y tejidos en México es casi imposible, por las exigencias médicas y sanitarias que un trasplante requiere y la observación constante que mantiene el Centro Nacional de Trasplantes.
También es un problema económico. Un trasplante exitoso de riñón cuesta al Estado 800 mil pesos por gasto de diálisis durante cinco años.
La solución está en convertirnos todos en donantes de hecho: en caso de accidente mortal, nuestros órganos pueden ser usados por el Estado, salvo que el fallecido porte un documento que especifique su negativa a ser donante.
Deberíamos tomar el ejemplo de España, líder mundial en trasplantes. En 2011 tuvo 35.3 donantes por millón de habitantes: mil 667 españoles donaron órganos, que posibilitaron cuatro mil 200 trasplantes.
Y los precandidatos el ejemplo de Eruviel: sería de agradecer que se pronunciaran a favor de salvar vidas.
¡Ahora mismo, hay 13 mil mexicanos que esperan un órgano!.
Por: Rubén Cortés, elarsenal.net
| < Prev | Próximo > |
|---|









