Desde el último trimestre del 2011 incluso antes del trágico accidente en el que falleció José Francisco Blake Mora y del previo ajuste al gabinete presidencial en Los Pinos habían contemplado la posibilidad de que el PAN recurriera a una candidata “ciudadana” al Gobierno del Distrito Federal. Sería, según el argumento estipulado en ese momento, el antídoto perfecto para inhibir una jugada similar del PRD, que le coqueteaba al ex rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente.
Era, en todo caso, el plan B. Porque entonces, la candidatura a Jefe de Gobierno estaba reservada para Santiago Cree Miranda, a quien incluso desde antes de que se inscribiera formalmente en la interna blanquiazul, se le hizo ver que lo mejor para todos era que hiciera mancuerna como abanderado panista en la Ciudad de México con el candidato presidencial.
Vendrían después los ataques entre los precandidatos, las “evaluaciones de las precampañas” y la fallida propuesta de una “elección indicativa”, que tenía la única intención de relegar a Creel Miranda.
El ex secretario de Gobernación rechaza el canto de las sirenas –algunos lo veían como el próximo dirigente nacional del PAN– y no está dispuesto a negociación alguna. Del otro lado, tampoco le tendrán más paciencia. Y por eso es que emergió la nominación de Isabel Miranda de Wallace.
Hace un mes, parecía que el proceso interno para elegir al candidato panista al GDF estaba fuera de control. La dirigencia local (borrada de un plumazo, en el último tramo) había avisado a los cinco aspirantes internos que habría una elección abierta a la ciudadanía.
Ocurrió todo lo contrario. La designación de Wallace como candidata desbarata cualquier compromiso que tenían quienes controlan al padrón panista –léase el delegado en Cuajimalpa, Carlos Orvañanos; la asambleísta Mariana Gómez del Campo y el subsecretario de Gobernación, Obdulio Ávila– con los precandidatos a la presidencia.
Por lo demás, nadie debe rasgarse las vestiduras: la última vez que el PAN-DF postuló a un militante activo y con trayectoria interna como su candidato a Jefe de Gobierno fue hace 15 años, en 1997, con Carlos Castillo Peraza.
En el campo panista, llegó el tiempo de las definiciones: este domingo 15, los militantes “activos” y adherentes votarán los candidatos plurinominales al Congreso de la Unión. También, llegó el tiempo de la deputación.
El retiro de Juan de Dios Castro Lozano, como subprocurador de Derechos Humanos, serían las primeras señales de lo que recientemente denunció el senador veracruzano Juan Bueno Torio, quien acusó al gobierno federal de ejecutar una campaña de despidos entre mandos medios y superiores que apoyan abiertamente a la precandidata a la presidencia, Josefina Vázquez Mota.
Tal especie, sin embargo, no aplica en el caso de la Cecilia Laviada, jefa de la Unidad de Coordinación y Concertación de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, cuya salida habría ocurrido de la peor forma posible.
Y es justo hace una semana, el director de la CDI, Xavier Abreu Sierra publicó en la intranet de la dependencia dirigido a mandos medios y superiores un oficio para dar aviso del inminente cese de la funcionaria veracruzana. Pasaron los días y nada se concretó. Ya intervino la Secretaría de la Función Pública para aclarar este diferendo e investigar las denuncias por malos manejos que se acumulan en esa oficina.
Por: Alberto Aguirre M, elarsenla.net
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