Parecía un complot contra Joel Ortega Cuevas, el ex secretario de Seguridad Pública forzado a salir del entorno ebrarista por la brutalidad policiaca exhibida hace tres años en el New’s Divine. Pero las fallas de sonido en el salón del hotel Hilton de la Alameda, donde tuvo lugar la “presentación de propuestas e intercambio de puntos de vista” entre los aspirantes a la candidatura del Movimiento Progresista en el Distrito Federal, fueron intermitentes y afectaron a los seis comparecientes.
Consensuado dos días antes por los precandidatos, el encuentro distó mucho de ser un debate. El recinto, con un aforo de 400 personas, está colmado por la cúpula de los tres partidos de izquierda y representantes de los medios de comunicación. La militancia solo pudo seguir la transmisión que se colgó en la página de internet del PRD capitalino y por la notable twittiza generada por sitios de noticias y usuarios de las redes sociales.
No hay temas, solo límite de tiempo para las tres rondas de intervenciones. Reducido a mero maestro de ceremonias, el periodista Ricardo Rocha solo interviene para enlistar el orden de participación y ceder la palabra a los comparecientes.
En el atril, frente al micrófono, hay un ganador indiscutible: el diputado federal Gerardo Fernández Noroña, quien en la primera ronda de 10 minutos recita una especie de credo del izquierdista rebelde.
“Soy un hombre libre, no vengo en los hombros de nadie”, suelta con naturalidad, mientras voltea a su izquierda, donde está el ex procurador Miguel Ángel Mancera, “Estoy por un profundo cambio. Tomo partido contra el hambre, contra la desigualdad, contra la pobreza. Y creo que deber ser un político, no un administrador ni un empleado quien encabece el gobierno”.
En este simi-debate (el próximo viernes habrá otro encuentro entre los aspirantes perredistas, en el programa radiofónico de Joaquín López-Dóriga) nadie es ajeno a la urbanidad política. Es por eso que la primera participación corre a cargo de la asambleísta Alejandra Barrales Magdaleno. Lee, no improvisa. Le son insuficientes, los 10 minutos para exponer sus 20 propuestas para una ciudad del siglo 21. Y cuando le cae la guillotina, termina como si estuviera en la tribuna del recinto legislativo de Donceles: “Es cuanto, gracias”.
Le sigue Joel Ortega, quien también lee. Aprisa, sin énfasis, sin levantar la mirada de las cuartillas. Algo le molesta: son las fallas de sonido notorias en el salón Don Alberto del Hilton, pero imperceptibles en la transmisión por video stream hasta que de plano frena su alocución.
Mientras el ex secretario de Seguridad Pública propone una segunda generación de paquete de beneficios sociales y una empresa estatal de electricidad en la Ciudad de México. Mancera y el senador Carlos Navarrete intercambian algunas palabras.
“Un gobierno de izquierda no puede quedar impasible con los miles de trabajadores que han perdido su empleo”, dice Ortega, mientras expresa su solidaridad con el SME y con los trabajadores de Mexicana de Aviación, a los que Barrales ni siquiera mencionó.
Fernández Noroña tiene una participación huracanada. Propone detener la construcción de más Metrobús. Plantea una “batalla a muerte” contra la corrupción, a la usanza obradorista, y revela que su antigua maestra y camarada, María Fernanda Campa Uranga, sería la próxima secretaria de Educación.
Adopta el tono crítico –“me parece inaudito que el GDF tenga trabajadores por honorarios y contrate servicios vía outsorcing”– pero se gana al auditorio cuando evoca a su abuela –“si
Si Peña Nieto hubiera tenido una como la mía, no habría pasado tantas vergüenzas”– y se asume como marxista.
“Voy a demostrar que los hombres de la izquierda podemos gobernar, no solo los que vienen del PRI, los de linajes y familias”, cierra.
El ex secretario de Desarrollo Social, Martí Batres Guadarrama, tampoco recurre a los apuntes. Y tampoco viene en son de paz. Presume ser un izquierdista de toda la vida y no haberse formado, políticamente hablando, en el viejo régimen, sino en la lucha por las grandes causas de la sociedad.
Y a diferencia del ex procurador Mancera, quien antes había propuesto una agenda progresista, con “honestidad y resultados”, como fundamentos de su acción de gobierno, Batres Guadarrama cita con precisión quirúrgica a José Martí: la mejor manera de decir, es hacer.
Enseguida, muestra las cartulinas con su fotografía que lo acreditan como militante del PSUM y del PRD. “No acabo de llegar a esta lucha”, cierra.
Carlos Navarrete prefiere hacer una apología de Andrés Manuel López Obrador, resaltar las coincidencias con sus compañeros y convocarlos a cerrar filas. Eso sí, se muestra preocupado por el incremento de la inseguridad y los “delitos menores”.
Quiso la casualidad que Navarrete iniciara la segunda ronda. Allí afirmó que estaba dispuesto a sacrificar su ambición personal por la causa partidista. Y más tarde se confirmaría su declinación a favor de Alejandra Barrales.
Ortega Cuevas se quejaría de las reglas impuestas por el PRD y la aplicación de encuestas “que privilegian a altos servidores públicos que apenas se acaban de separar la comodidad de los cargos”. Y advertiría: urge un cambio hacia un gobierno nacionalista. Esta ciudad no está para improvisaciones.
Batres replicaría la fórmula de Fernández Noroña y adelantaría que Paco Ignacio Taibo II,
Martha Lamas, Ifigenia Martínez, Pablo Gómez y Alejandro Rojas tendrían asegurado un lugar en su gabinete.
“Estoy listo para hacer una buena mancuerna con AMLO. Soy el candidato natural de la izquierda en la ciudad de México”, proclamaría.
La última intervención de Alejandra Barrales marcaría el tono de este “intercambio”:
“Las candidaturas no se inventan, se construyen”, insistiría, “Y ser de izquierda es una actitud, una visión, una postura; no es un requisito para acceder a un cargo.
Por: Alberto Aguirre M, elarsenal.net
| < Prev | Próximo > |
|---|









