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De Zitácuaro a San Lázaro (3ra parte)

Miércoles, 04 de Enero de 2006 10:20 Medios Libres 0 Comentarios Zitácuaro - Historia
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Salón de Embajadores en Palacio Nacional

Desechada la propuesta que la Cámara volviera al edificio de la calle de Gante, se decidió instalarla en el Salón de Embajadores, dentro del Palacio Nacional.

A ese Recinto se le llamó Salón del Trono en la época colonial, porque allí estaba el asiento que ocupaba el virrey en las ceremonias. Luego de la Independencia se le llamó Salón de Embajadores; en la era de Santa Anna, El Dosel; cuando Maximiliano estuvo en México, volvió a designársele de Embajadores. Después se le convirtió en escenario de austeras celebraciones, como las exequias de Benito Juárez.

El Presidente Lerdo de Tejada consiguió que el 8 de noviembre de 1874 se aprobara el establecimiento de la Cámara de Senadores. Pero quizás su mayor logro fue incorporar las leyes reformistas a la Carta Magna, así como sistematizar y dar cuerpo a la legislación mexicana; también promovió el federalismo.

La agitación política volvió al acercarse la sucesión de 1875. El Presidente buscaba la reelección, contra Porfirio Díaz. Para lograr su objetivo, Lerdo de Tejada intentó reafirmar su posición en el Congreso, que también sería renovado por comicios. Pero el fraude se dio repetidamente en las elecciones y se causó indiferencia y desconfianza en la ciudadanía.

El triunfo lerdista fue seguido de una sublevación encabezada por Díaz, al grito de "no–reelección", mediante el Plan de Tuxtepec, en enero de 1876. José María Iglesias, presidente de la Suprema Corte de Justicia, se encargó de la Primera Magistratura, mas no pudo sostenerse por el avance de la revolución tuxtepecana.

Teatro Iturbide

Porfirio Díaz asumió la Presidencia el 5 de mayo de 1877, luego de haber triunfado en las urnas. El Congreso había sancionado como justa la revolución de Tuxtepec.

El nuevo gobierno concluyó su periodo conjurando los amagos de intervenciones extranjeras. Manuel González fue el siguiente jefe del Ejecutivo, pero resultó impopular; antes de concluir su mandato, el Congreso declaró electo a Díaz.

Otra vez en el poder, el tuxtepecano inspiró una reforma a la Constitución para autorizar la reelección por un solo periodo, y lo consiguió gracias a sus más leales partidarios en las cámaras de Diputados y de Senadores.

El Poder Legislativo también fue objeto de sucesivas reelecciones de sus integrantes, y se convirtió en un fiel seguidor del Presidente. El Poder Ejecutivo fue la fuente de toda legislación. Aunque nunca solicitó facultades extraordinarias, puede afirmarse que siempre las tuvo.

El local donde se reunió el Congreso de la Unión durante la mayor parte del porfiriato fue el Teatro Iturbide, local que fue la solución para aliviar las incomodidades del Salón de Embajadores. El edificio estaba adecuado para los fines de distraer al público, decorado con diferentes motivos de variados estilos, y se le inauguró a principios de 1856.

Cuando Juárez entró en la ciudad de México, el 11 de enero de 1861, el Teatro Iturbide fue testigo de las celebraciones. Al ocupar el Congreso este edificio, fue remodelado y adaptado a las necesidades de la Cámara. Un incendio lo destruyó la madrugada del 29 de marzo de 1909.

El Palacio de Minería

Del 1º de abril de 1909 al 31 de diciembre de 1910, el Recinto de la Cámara fue el Palacio de Minería, edificio construido entre 1797 y 1813, reconocido como el más importante de la ciudad en el estilo neoclásico. Monumental y con patio espacioso, correspondió a la imagen de grandiosidad que deseaban proyectar los dirigentes políticos de entonces. Allí se realizó el baile que con motivo de su cuarta reelección le ofrecieron los capitalinos al Presidente.

Por su belleza y funcionalidad, el Palacio de Minería ha servido a distintas instituciones. En 1843 se instaló en él la Escuela de Ciencias Físicas y Matemáticas; 10 años más tarde, la Escuela Práctica de Minas. En 1867 albergó a la Escuela Nacional de Ingenieros que, sustituida por la Facultad de Ingeniería, permaneció allí hasta 1954.

A pesar de que en noviembre de 1910 estaba concluida la nueva Cámara en la calle de Donceles, Porfirio Díaz decidió protestar como Presidente de la República, para el sexenio que terminaría en 1916, en el Palacio de Minería. La situación originada por el estallido de la revolución maderista, el 20 de noviembre, lo obligó a celebrar una ceremonia muy discreta.

En los últimos años del siglo XIX y en los primeros del XX menudearon los proyectos de construcción de obras públicas, ornamentales y de servicios; también aparecieron los signos de modernidad como la luz eléctrica, el teléfono, el telégrafo, la adopción de modas europeas y la construcción de mansiones; asimismo se realizaron grandes homenajes a los héroes de la Independencia y de la Reforma. El Gobierno se miraba a sí mismo como culminación de una historia heroica, con lo cual justificaba su permanencia.

Proyecto del Palacio Legislativo

En abril de 1896, la Secretaria de Comunicaciones había convocado a un concurso internacional para construir un Recinto digno del Congreso, edificación que comprobaría la marcha de México por la senda de la civilización.

El proyecto triunfador fue el del arquitecto italiano Adamo Boari. Proponía una construcción neoclásica, que tuviera salones para cada cámara y una gran sala para reuniones del Congreso en Pleno. De Europa se trajeron materiales para los acabados: mármol, granito, el águila de cobre que coronaria el edificio, los leones de bronce, las estatuas y las cariátides. Los leones terminaron en distintivos del Bosque de Chapultepec; las cariátides, en el Palacio de Bellas Artes.

La grandiosidad del proyecto se frustró al derrumbarse el porfirismo. Años después, el Presidente Abelardo Rodríguez decidió aprovechar la estructura abandonada para erigir el Monumento a la Revolución.

Paradójicamente, cuando el régimen porfirista se encontraba en plena expansión aparecieron los síntomas de crisis, clubes liberales, levantamientos armados de campesinos, huelgas de obreros... En el programa del Partido Liberal, Ricardo Flores Magón exigió, entre otras reivindicaciones, que un Primer Congreso Nacional anulara todas las reformas practicadas a la Constitución por el gobierno porfirista, y reformara la Carta Magna en todo lo de interés para la Patria, sobre todo en materia de trabajo y tierra.

Ante la proximidad de las elecciones, entre las celebraciones eufóricas del Centenario, la actividad política llegó a su apogeo. El Club Reeleccionista y el Partido Antirreeleccionista eran los contendientes. Francisco I. Madero fue el candidato opositor. Se le hizo prisionero, huyó de la cárcel, y redactó el Plan de San Luis, en el cual asentó que la dictadura sólo había dejado abierto un camino: el de la lucha armada.

Cámara de Diputados en Donceles

En los últimos meses del porfiriato, y tal vez porque la edificación del Palacio Legislativo seria un proyecto a largo plazo, se construyó la nueva Cámara de Diputados.

El nuevo Recinto fue construido por el arquitecto Mauricio de María y Campos. Resultó un ejemplo del clasicismo, y uno de los primeros edificios de dos plantas con estructuras de hierro que se construyeron en el país.

Desde su fecha de inauguración, el 11 de abril de 1911, fue el Recinto de los diputados hasta el 28 de agosto de 1981, salvo excepciones como la celebración del Congreso Constituyente en Querétaro, y las ocasiones en que otros locales fueron habilitados para recibir a la Cámara, ya fuera por la celebración de actos solemnes como tomas de protesta presidenciales o conmemoraciones históricas. Desde un principio aparecieron escritos en su interior los nombres de los héroes de la Independencia, pero no los de los otros paladines e instituciones que se fueron colocando posteriormente.

Después de su inauguración, Porfirio Díaz visitaría una vez más este Recinto: el 25 de mayo del mismo año, para presentar su renuncia. Sus promesas para tranquilizar al país habían resultado vanas. Le sucedió en la Presidencia Francisco León de la Barra quien, en su carácter de interino, promovió en las cámaras la discusión para las reformas constitucionales que prohibieran la reelección, y expidió la convocatoria a elecciones.

Madero se presenta otra vez como candidato presidencial, acompañado de Pino Suárez para la vicepresidencia. Luego de una fuerte campaña electoral resultó triunfador y asumió el poder el 6 de noviembre de 1911, pero inició su gestión afrontando graves problemas, las exigencias de los zapatistas, los funcionarios porfiristas y un Congreso hostil.

Por medio de la fuerza renunció Madero. El nuevo mandatario fue el usurpador Victoriano Huerta, quien permaneció más tiempo de lo previsto por su condición de interino.

Venustiano Carranza y luego Álvaro Obregón salieron en defensa del constitucionalismo. Huerta recurrió a medidas desesperadas para sostenerse, incluso disolvió la XXVI Legislatura, pero ante lo creciente de su impopularidad y de los problemas, tuvo que renunciar en julio de 1914. El 15 de agosto las fuerzas constitucionalistas entraron en la ciudad de México.

Pero el triunfo no tranquilizó al país, pues habían surgido problemas entre carrancistas y villistas. A fin de unificar las fuerzas, Carranza convocó a una convención de generales constitucionalistas para el primero de octubre de 1914 en la sede de la Cámara de Diputados. De allí salieron hacia Aguascalientes, donde se acentúo la división. Eulalio Gutiérrez fue designado Presidente provisional; Carranza desconoció todos los acuerdos y se fue a Veracruz, donde instaló su gobierno. Gutiérrez tuvo muy pronto diferencias con Villa y terminó por destituir a éste como general en jefe del Ejército.

A mediados de abril de 1916, Carranza volvió a la ciudad de México, continuó decretando medidas para organizar a la nación, y expidió la convocatoria para elegir un Congreso que discutiera el proyecto de reformas presentado por el propio Carranza. Las cámaras quedaron instaladas el 21 de noviembre del mismo año, en la ciudad de Querétaro, precisamente en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Teatro Iturbide en Querétaro

La instalación del Congreso en Querétaro representó la culminación del movimiento iniciado por Carranza, pero también la necesidad de adecuar la Constitución a la realidad de ese entonces.

El Congreso, integrado por constitucionalistas en su mayoría, inició los debates del proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe. El documento contenía gran cantidad de asuntos que modificaban radicalmente la Ley vigente. Entre otras propuestas estaba la de fortalecer el Poder Ejecutivo y reducir las facultades del Legislativo. El fortalecimiento del Ejecutivo tenía que cobrar un carácter legal: ya no era práctico que el Presidente siguiera recurriendo a las facultades extraordinarias.

En términos generales, las proposiciones de Carranza en materia política fueron aprobadas por la asamblea. Las que causaron más debates fueron las relativas a cuestiones religiosas, la legislación laboral, la cuestión agraria, los derechos del Estado para dirigir la economía, la reforma bancaria y monetaria, y el comercio.

La tarde del 31 de enero de 1917, la Constitución fue firmada en el Teatro Iturbide, especialmente adaptado para que sirviera de Recinto al Congreso.

La construcción del edificio se inició en 1846, para albergar un teatro en el que la sociedad queretana disfrutase de selectos espectáculos. Fue inaugurado en 1852. Entre las adaptaciones que se le practicaron al edificio para recibir al Congreso estuvieron la de pintar en el telón el Zócalo, la Catedral y el Palacio Nacional, así como la inscripción de los nombres de los diputados constituyentes de 1824 y 1857.

Al abandonar Querétaro las autoridades, rumbo a la capital, empezaría a ponerse a prueba la eficacia de la nueva Constitución. Pero había alcanzado un logro significativo: la incorporación de los preceptos aconsejados por la experiencia histórica y la realidad inmediata.

Teatro Estadio Nacional

En la ciudad de México, Venustiano Carranza convocó a comicios para instalar una nueva Legislatura y elegir gobernadores de los estados y Presidente de la República. El propio Carranza resultó favorecido para la Primera Magistratura.

Al poco tiempo se hicieron patentes las dificultades para aplicar la Constitución. Surgieron pugnas porque el Ejército reclamaba su incorporación en los altos puestos públicos.

Tras el triunfo del movimiento de Agua Prieta, en el que participaron Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta, las cámaras sancionaron la Presidencia provisional de este último, para llenar el vacío que dejó la muerte de Carranza.

Entre 1920 y 1924, Obregón ocupó la Presidencia de la República, y prosiguieron los problemas que se habían vislumbrado en los años de lucha, pero se crearon instituciones que reanimaron la economía. Al sucederle Calles en la Primera Magistratura, éste se dio a la tarea de fortalecer las instituciones estatales; también ocurrió la reforma a la Constitución y la posibilidad de que Obregón volviera a la Presidencia, posibilidad que se desvaneció en La Bombilla, con el asesinato del Presidente electo.

Como Presidente provisional, Emilio Portes Gil, acompañado por Calles, se dedicó a constituir el Partido Nacional Revolucionario: una confederación de los múltiples grupos y partidos regionales. La primera actividad oficial del partido fue postular a Pascual Ortiz Rubio para Presidente constitucional; su triunfo significó el surgimiento de la institucionalización política, pero tuvo que renunciar el 2 de septiembre de 1932.

El nuevo Presidente interino fue Abelardo Rodríguez. Después de elecciones presidenciales, Lázaro Cárdenas asumió la jefatura del Ejecutivo y consiguió el apoyo y adhesión de las masas trabajadoras. De allí surgió, en 1938, el Partido de la Revolución Mexicana, que en 1946 se reestructuró y tomó el nombre de Partido Revolucionario Institucional.

El Recinto que albergó al Congreso Nacional para sancionar las transmisiones del Poder Ejecutivo, desde que lo recibió el general Plutarco Elías Calles hasta que también lo recibió el general Lázaro Cárdenas, fue el Estadio Nacional, conocido como Teatro Estadio porque José Vasconcelos propuso que en él se realizaran actividades culturales y artísticas, no sólo deportivas. Ornamentalmente se distinguía por un famoso mural, obra de Diego Rivera.

Su construcción dio principio en marzo de 1923 y fue inaugurado el 5 de mayo de 1924 por el Presidente Álvaro Obregón. A fines de 1949, durante el Gobierno del licenciado Miguel Alemán, se le demolió para dar paso a la unidad habitacional Benito Juárez.

Bellas Artes

El Palacio Nacional de las Bellas Artes presenció las tomas de posesión de los presidentes Miguel Alemán Valdés, Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz. El Presidente José López Portillo rindió allí sus informes de Gobierno tercero y cuarto, en 1979 y 1980. Se le escogió por razones de cupo: la Cámara de Diputados en la calle de Donceles resultaba insuficiente para ceremonias tan importantes.

Se inició su construcción en 1904 y se le pensaba inaugurar, como Teatro Nacional, en 1910, dentro de las celebraciones del Centenario de la Independencia; por diversas causas se interrumpió la obra varias veces, y el edificio fue inaugurado hasta 1934.

Antes de quedar listo se había pensado en demolerlo, pero el Secretario de Hacienda, en 1932, Alberto J. Pani, auspició que se convirtiera en institución de servicio social y fomento de la cultura. Entonces recibió el nombre de Palacio de Bellas Artes.

Para adaptarlo a sus nuevas funciones se modificó el proyecto original y se le impuso el estilo entonces en boga, el art decò, combinado con el neoindigenismo.

Es un edificio adornado con varios grupos escultóricos. En el interior de la construcción aparecen elementos arquitectónicos y pictóricos de tradición prehispánica. Allí se pintaron varias obras que reflejan las preocupaciones sociales de los grandes muralistas.

Palacio Nacional

Fue necesario convocar a nuevas elecciones. De esa manera, Vicente Guerrero llegó a la Presidencia de la República.

La Cámara ocupó su nuevo Recinto, ahora en Palacio Nacional. Este edificio había sido construido para habitación de Hernán Cortés, sobre lo que fueran las casas nuevas del emperador Moctezuma. Después, el virrey Luis de Velasco lo adquirió para convertirlo en sede de su Gobierno. En 1692 fue incendiado, en ocasión de un tumulto en contra del entonces virrey, Gaspar de la Cerda.

La reconstrucción fue lenta y al concluirse mostró un Palacio sin su original apariencia de fortaleza. El salón que recibió al Congreso era elegante, de figura semicircular; tenía dos secciones de asientos para los diputados. En el centro estaba el solio, con un dosel del cual colgaba un cuadro dorado que contenía el Acta de Independencia. Debajo estaban los sillones para el Presidente de la República y el del Congreso. Abajo del solio estaba la mesa del presidente y el secretario de la Cámara. Las galerías para el público se encontraban en la parte superior; arriba de ellas aparecían escritos, con letras doradas, los nombres de los héroes. Unos claros semicirculares, con vidrieras azules, daban luz a la sala; por las noches se iluminaba con candiles de cristal.

Vicente Guerrero afrontó, sobre todo, el problema financiero, y su popularidad empezó a decaer. Renunció a la presidencia a fines de 1830; su lugar fue ocupado por el vicepresidente, Anastasio Bustamante.

El nuevo Presidente intentó tranquilizar al país, pero continuaba la rebelión, encabezada por Santa Anna. Los dos bandos firmaron los Convenios de Zavaleta y se reconoció que Manuel Gómez Pedraza ocuparía la Presidencia de la República hasta el 1º de abril de 1833.

Para el nuevo periodo constitucional resultaron electos Santa Anna y Valentín Gómez Farías, como presidente y vicepresidente, respectivamente. El segundo fue quien ejerció el poder y proyectó reformas que afectaron intereses del clero. El Presidente rompió con el Vicepresidente y el primero redactó las llamadas Siete Leyes, documento en el cual se anunciaba el establecimiento de un sistema centralista.

Los texanos declararon su Independencia y obligaron a Santa Anna a validar el hecho con la firma de los Tratados de Velasco, a los cuales se opuso el Congreso.

En 1837 Anastasio Bustamante rindió su protesta como nuevo Presidente. También afrontó problemas nacionales e internacionales y tuvo que firmar las Bases de Tacubaya, en las que se convocaba a elecciones para un nuevo Congreso Constituyente.

Santa Anna volvió a la presidencia y aplicó mano dura en contra de los liberales. Luego fue electo para gobernar por otros cuatro años.

Ante la perspectiva de guerra contra Estados Unidos, José Joaquín de Herrera dio un golpe de Estado y propuso reconocer la Independencia de Texas. Después, el general Paredes Arrillaga subió a la presidencia, pero al poco tiempo fue encarcelado, mientras ocurría la guerra, y los federalistas volvieron al poder, recurriendo a Santa Anna para que lo ejerciera.

Las tropas norteamericanas llegaron a las puertas de la capital el 18 de agosto de 1847.

Auditorio Nacional

La construcción de este edificio se inició en 1952, por instrucciones del Presidente Miguel Alemán Valdés. La idea original era edificar un coliseo para eventos hípicos.

Durante el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines se modificó el proyecto y se le convirtió en Auditorio Municipal, dependiente del Departamento del Distrito Federal. Más tarde pasó a la Secretaría de Educación Pública, se le llamó Auditorio Nacional y se decidió construir la Unidad Artística y Cultural del Bosque de Chapultepec.

Este nuevo proyecto estuvo a cargo de los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Gonzalo Ramírez del Sordo. Se concluyó durante el régimen del licenciado López Mateos.

Por su ubicación, funcionalidad y cupo, el Auditorio fue declarado Recinto oficial del Congreso de la Unión para las ceremonias de tomas de posesión de los presidentes Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo.

En ambas ocasiones fue necesario adaptar su interior. En el escenario se colocó el presidium, y al fondo se situaron dos banderas nacionales a cuyos lados aparecieron los nombres de los héroes de la Patria que estaban escritos con oro en el Recinto de la calle de Donceles.

Nueva Cámara de Diputados

Al promulgarse la Constitución de 1917 surgieron posibilidades concretas para formar y consolidar partidos políticos de alcance nacional. A lo largo de más de seis décadas se organizaron y transformaron diversas organizaciones, con distintos lineamientos ideológicos.

En 1929 se creó el Partido Nacional Revolucionario, luego Partido de la Revolución Mexicana y al fin Partido Revolucionario Institucional, en 1946; el Partido Acción Nacional se creó en 1936; el Partido Popular Socialista en 1947; el Partido Autentico de la Revolución Mexicana en 1957.

Al margen de estos partidos aparecieron también el Partido Comunista, fundado en 1919, así como el Partido Socialista de los Trabajadores y el Partido Demócrata Mexicano –ambos de reciente creación.

Los cambios operados durante los últimos años en el seno de la sociedad mexicana se han expresado en la definición de los partidos y en el reconocimiento a la necesidad de transformar los términos tradicionales de participación. Por ello, el Poder Legislativo sancionó medidas como la creación de diputaciones de partido y las que comprenden la Reforma Política de 1977. En consecuencia, según el nuevo ordenamiento legal, la LI Legislatura estaría integrada por 400 diputados.

Para solucionar el problema de cupo en el Recinto de la calle de Donceles y además reunir en un solo lugar las diversas dependencias de la Cámara de Diputados, se determinó erigir una nueva sede para el Poder Legislativo. El lugar elegido para la construcción fue el terreno de la antigua estación de Ferrocarriles de San Lázaro, en la parte oriental del centro de la ciudad de México. Se buscó con ello apoyar la regeneración de esa zona urbana, dentro del proyecto de restauración del Centro Histórico.

Por tanto, el criterio arquitectónico estuvo definido por su cercanía al centro. La construcción se inició en septiembre de 1979, de acuerdo con los planos de los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez, Jorge Campuzano y David Suárez.

Los materiales que principalmente se emplearon son los característicos del mismo centro: tezontle, cantera, losa de Recinto y madera. Se buscó que el resultado formal entapizará el propósito de la apertura democrática, y la plaza de acceso se abre invitando a la participación. En la fachada se resaltaron los colores nacionales; dos alas de tezontle rojo flanquean la portada de mármol blanco; al centro se encuentra la alegoría de la apertura democrática que José Cháves Morado realizó sobre una placa de bronce oxidado en verde.

El Escudo Nacional constituye el centro del elemento escultórico; una serie de banderas en movimiento simbolizan la pluralidad de pensamientos; de las enseñas surgen rostros que representan los movimientos populares que México habrá de ver. Una enorme serpiente emplumada es el símbolo de la cultura tradicional; encima de ella surgen vírgulas que al ascender se unen con varias manos, y cada una de éstas, acompañada por diferente alegoría, simboliza la diversidad política, económica y social del México contemporáneo. Corona el conjunto un gran sol con la inscripción Constitución Política Mexicana. A cada lado, como elementos de fondo, aparecen representaciones de las culturas urbana y rural.

En el vestíbulo interior se siguió el mismo criterio plástico. La obra de Adolfo Mexiac muestra la historia legislativa de las tres Cartas Constitutivas de México.

En la sala de sesiones se buscó respetar las características tradicionales del Recinto en Donceles, para mostrar así, la continuidad de la tarea legislativa. El aforo es de dos mil personas; comprende palcos de honor y zonas destinadas para los integrantes del gabinete presidencial, invitados y periodistas. Cuenta con instalaciones de televisión para transmisiones al exterior y en circuito cerrado; también tiene dispositivos electrónicos en las curules.

En el conjunto arquitectónico existen áreas para las oficinas administrativas, los partidos políticos registrados y la Comisión Permanente. Otros edificios alojaran los despachos de los cuatrocientos diputados y de las diversas comisiones de la Cámara, la Biblioteca del Congreso y el archivo.

El Recinto fue inaugurado el 1º de septiembre de 1981, en ocasión del V Informe de Gobierno del Presidente José López Portillo. La totalidad de la obra quedó concluida en junio de 1982.

No obstante lo anterior, la Cámara de Diputados se vio obligada a abandonar una vez más su Recinto. La madrugada del 5 de mayo de 1989 un nuevo pero no menos devastador incendio (como aquel del 22 de marzo de 1909) acabó con el Recinto que albergaba el salón de sesiones de la Cámara de Diputados.

Los Diputados fueron exiliados por más de tres años, convirtiéndose en esta coacción el Auditorio del Centro Médico como el Recinto parlamentario temporal.

Después de los intensos trabajos de remodelación, los Diputados regresan a San Lázaro el 1º de noviembre de 1992, fecha en la que el entonces Presidente de la República Lic. Carlos Salinas de Gortari, rindiera su IV informe de Gobierno.

El Palacio Legislativo en San Lázaro es hasta la fecha el lugar de residencia de la Cámara de Diputados.

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