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De Zitácuaro a San Lázaro (1ra parte)

Miércoles, 04 de Enero de 2006 10:15 Medios Libres 0 Comentarios Zitácuaro - Historia
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170 Años de Historia Legislativa de México (1811–1981)

Presentación

La vida parlamentaria de México ha descrito impresionantes hitos, desde que hace casi 185 años se perfiló con la instalación de la Junta Suprema Nacional Americana, en las calles de Rayón y Victoria en la ciudad de Zitácuaro, Michoacán, del 18 al 21 de agosto de 1811.

Ha habido desde un Congreso itinerante hasta persecuciones e incluso el sacrificio de los hombres que han querido darle a México las normas de conducta que promueven a los ciudadanos hacia estadios de superación.

Los recintos parlamentarios de México constituyen una ficha muy ponderada de la historia de nuestro país. Ligado a viejos y nuevos edificios, casonas de adobe, iglesias y teatros, el acontecer legislativo del país ha ido dejando en jirones parte viva del palpitar nacional.

El 13 de septiembre de 1813 se instaló el Congreso de Anáhuac en la Parroquia de Santa María de la Asunción, en Chilpancingo. En ese lugar se elaboraron los Sentimientos de la Nación por el gran estadista José María Morelos. Ese mismo Congreso habría de describir un peregrinaje sin tregua, a caballo y a pie, armas terciadas a la espalda o en granil, según la urgencia de la posibilidad de tener que guerrear antes o después de la sesión.

Quedaron en el paso del tiempo los recintos pasajeros de Tlacotepec, Ajuchitlán, Huetamo y Uruapan, hasta que el 22 de octubre de 1814 se instala en Apatzingán, Michoacán, el Congreso de Anáhuac para producir un documento que es esencial de nuestra libertad: la Constitución de 1814.

Y luego, de nueva cuenta, esa "diáspora" por casonas y parroquias que se desprende de la Hacienda de Puruarán, continúa en Púturo, Teretan, Zirándaro, Tlalchapa, Teznapán, Atenango del Río, Jaujilla y finalmente Tehuacán, el 7 de noviembre de 1815.

Habían pasado cuatro años de que el generalísimo Morelos, con su fe en la libertad de los mexicanos, había puesto el arco total de nuestra vida parlamentaria, había interpretado la vocación de los nacionales de gobernarse por leyes superiores a todo hombre.

El Poder Legislativo del México Independiente tiene como su primer Recinto la Iglesia de San Pedro y San Pablo –que más tarde sería la Hemeroteca Nacional de las calles del Carmen–, un 24 de febrero de 1822. La primera Cámara de Diputados y el primer Congreso Constituyente nacen ahí.

Más tarde, en Palacio Nacional, el primero de enero de 1829 habría de ubicarse un nuevo Recinto de la Cámara de Diputados, que duraría hasta el 10 de febrero de 1845. Cinco días más tarde se abriría un Recinto más en el primer piso del propio Palacio Nacional, de donde un día se trasladó a Querétaro para sesionar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. El Recinto del primer piso de Palacio sirvió para los fines legislativos hasta el 22 de agosto de 1872.

Del 9 de mayo de 1863 al 12 de julio del mismo año, la Cámara de Diputados sesionó en el Colegio Guadalupano de San Luis Potosí y al año siguiente quedaba instalada en la Casa del Obispado de Coahuila, donde radicó brevemente en 1864. Eran los tiempos de la Guerra de Intervención que obligaron a Juárez a peregrinar en carruaje para salvar finalmente instituciones republicanas.

Años más tarde el restablecimiento de la República devuelve a los parlamentarios mexicanos a Palacio Nacional. Esta vez en el Salón de Embajadores la sede del cuerpo legislativo.

La Cámara es trasladada al teatro Chiarini de la Ciudad de México, donde habría de permanecer unos cuantos meses durante 1868.

Y por fin los legisladores mexicanos habrían de llegar a uno de sus recintos más estables: el teatro Iturbide de la calle de Factor, hoy Allende y Donceles. Ahí se escribió el Derecho Positivo Mexicano desde el 1º de diciembre de 1872 hasta el 29 de marzo de 1909. Un devastador incendio destruyó el edificio y acabó con el archivo, después de 37 años de permanecer ahí, los legisladores se trasladaron a deliberar en el Palacio de Minería.

Por esas fechas se levantaba lo que hoy es el Monumento a la Revolución, que de primera intención trataba de ser el Palacio de los legisladores. Por muchas razones ello no fue posible. El 11 de abril de 1911 los diputados regresaron al edificio de Donceles y Allende, donde habrían de permanecer hasta el mes de agosto de 1981 para cumplir 70 años en ese Recinto. Ese lugar, por lo mismo, resume 107 años de la historia legislativa en México.

A pesar de esto, existen otros recintos utilizados por los diputados como el teatro Iturbide en Querétaro, el teatro Estadio Nacional, el Palacio de Bellas Artes, Palacio Nacional y el Auditorio Nacional.

El 1º de septiembre de 1981 el Presidente José López Portillo rindió su V Informe de Gobierno en el nuevo edificio legislativo ubicado en los terrenos de la antigua estación ferrocarrilera de San Lázaro, construcción planeada para que dure un siglo sirviendo a los trabajos legislativos.

Esta apretada síntesis de recintos parlamentarios de México es el preámbulo para la breve exposición que en las siguientes páginas se detalla, a manera de punto de partida para penetrar en el complejo y apasionante tema de la obra legislativa de México.

Mucho contenido de nivel ideológico, vocación democrática y libertaria, se ha venido ventilando en todos los sitios que dieron albergue al cuerpo deliberante por excelencia de México. Los recintos parlamentarios de México están ligados al alma de nuestro pueblo y precisamente hablan al corazón y a las raíces históricas de la nacionalidad.

A través de estas líneas se detalla una breve relación de los distintos recintos que la Cámara de Diputados ha tenido en sus 170 años de vida.

Ayuntamiento

Al ocurrir que Francia invadió España en 1808, la Corona española sufrió una serie de traspasos: de Carlos IV a su hijo Fernando VII, otra vez a Carlos IV y luego a Napoleón.

Esa inestabilidad repercutiría en la Nueva España alentando los afanes independentistas de los criollos, representados por el Ayuntamiento de la capital novohispana y agudizando las pugnas de éstos en contra de la alta burocracia virreinal, cuyo portavoz era la Audiencia.

En las Casas de Cabildo, la representación del Ayuntamiento se reunió para analizar la conducta a seguir. El Recinto había sido construido en el mismo lugar donde se había levantado el edificio para la primera diputación de la Nueva España, pero fue incendiado en 1692, cuando ocurrió un motín popular.

Los miembros del Cabildo expresaron su rechazo a la abdicación de Carlos IV en favor de Napoleón: si los legítimos herederos de la Corona no ejercían el poder, el virrey debería encargarse provisionalmente del Gobierno; además propusieron la creación de un cuerpo colegiado, con características semejantes a las de un Congreso.

Algunos personajes peninsulares advirtieron que la instauración de un grupo de esa naturaleza significaría dar los primeros pasos en pos de la Independencia. Por ello destituyeron al virrey Iturrigaray, quien apoyaba a los criollos. Así pusieron fin al primer intento de establecer un Congreso en la Nueva España, y provocaron que los criollos se radicalizarán y comenzaran a trabajar en la clandestinidad.

Despojados de voz legal, los jóvenes oficiales y conspiradores criollos como Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Abasolo pretendieron formar una Junta de Gobierno que reuniese a los representantes de los ayuntamientos provinciales. Miguel Hidalgo coincidió con la idea, la encarnó y la acaudilló. Ése fue el principio de la conspiración de Querétaro de 1810.

Zitácuaro

Cuando ya se había generalizado el movimiento armado a favor de la Independencia –e incluso habían sido muertos sus iniciadores– los principales jefes insurgentes se reunieron en San Juan Zitácuaro, del 18 al 21 de agosto de 1811, en una casa de adobe, carente de toda notoriedad. Su propósito era establecer un gobierno central.

El día 19 –segundo de esos cuatro de deliberaciones– quedó constituida la Suprema Junta Nacional Americana. Ése fue el primer gobierno revolucionario, organizado para conseguir el apoyo más decidido de los criollos y el reconocimiento de las naciones extranjeras.

A partir de ese momento se logró mayor fuerza política, pero también se provocó el recrudecimiento de las medidas represivas por parte del gobierno novohispano. En consecuencia, los insurgentes se vieron obligados a huir hacia Puebla y las orillas de Veracruz.

Por divisiones internas se desintegró la Junta. Entonces, Ignacio López Rayón redactó un Proyecto de Constitución: los elementos constitucionales, en el que se reafirmó la legitimidad de la Independencia de América y que la soberanía se encontraba en un Supremo Congreso Nacional Americano, compuesto por cinco individuos nombrados por la representación de las provincias.

En el mismo documento se señaló el establecimiento de un Consejo de Estado, para tratar los asuntos más importantes del Gobierno, y se nombró a un Protector Nacional, quien tendría el derecho de proponer la formación de nuevas leyes y la derogación de las antiguas. Pero la propuesta perdió toda posibilidad de convertirse en realidad cuando, en 1812, se expidió en la península la Constitución de Cádiz, pues se vislumbraba la concesión de la igualdad social a los novohispanos.

De esa manera se efectuaron elecciones de diputados, y los criollos encontraron el camino para ejercer abiertamente su influencia política. Se nombró a 16 diputados criollos para que representaran a la Nueva España en las Cortes. Allí mostraron una actitud radical en defensa de sus intereses.

En la Nueva España se establecieron, en 1813, seis diputaciones provinciales, las cuales encarnaron la presencia de la ciudadanía en la vida pública. Pero la causa independentista debería encontrar una nueva forma de organización. Por ello fue que José María Morelos convocó a un Congreso que se llevaría a cabo en Chilpancingo.

Chilpancingo

Para dotar de fuerza al Congreso de Chilpancingo, Morelos expidió un reglamento en el que se fijaban las funciones del propio Congreso, su organización interna, la forma de conducir los debates y de promulgar las leyes y la elección de un generalísimo que fungiera como jefe del Ejecutivo.

Morelos manifestaba así la necesidad de establecer un gobierno definitivo y representativo; pero debería comenzarse por formar un Congreso integrado por representantes de las provincias. En las reuniones, celebradas en la parroquia de Chilpancingo, Morelos dio a conocer los Sentimientos de la Nación. Este documento constituyó el antecedente de la futura Constitución y dejó claramente asentado que el pueblo ejercía la soberanía a través de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. El 15 de septiembre de 1813 fue nombrado generalísimo y desde entonces pidió ser llamado "Siervo de la nación".

La Junta de Zitácuaro quedaba reemplazada por el Congreso de Chilpancingo. El nuevo organismo aprobó el Proyecto de Decreto que contenía la declaración de Independencia, proyecto que fue firmado el 6 de noviembre de ese mismo año, en una casa de techo de teja, muros blancos, balcones sencillos y vigas salientes. Ése fue el Palacio Nacional donde el Congreso de Anáhuac se declaró legítimamente instalado y depositario de la soberanía nacional.

Huetamo

La Guerra de Independencia continuaba y el Congreso seguía errante. Sin protección militar se trasladó al pueblo de Tlacotepec.

El 22 de enero de 1814 se enteró allí de los fracasos militares de Morelos, y los diputados le pidieron su renuncia al "Siervo de la nación", quien la entregó y se ofreció a trabajar como soldado de la Patria.

De Tlacotepec, los legisladores se internaron en Tierra Caliente, pasaron por Tetela, Pesoapan y Tlalchapa, llegaron a Uruapan donde discutieron el proyecto de Constitución, siguieron a Huayameo, y por fin se detuvieron en San Juan Huetamo, población de casitas blanqueadas y dispersas; sólo la calle principal corría en línea recta y estaba cerrada por una pequeña parroquia agustina de sencilla portada y esbelta torrecita. El Congreso encontró en ese lugar un ambiente favorable porque la población era mayoritariamente insurgente.

De Huetamo, los legisladores salieron hacia Canario, luego a la hacienda de Santa Ifigenia, después a la de Púturo y llegaron a Tiripetío.

Mientras eso ocurría, se recibió en México la noticia del retorno de Fernando VII a España. Los insurgentes ya no tuvieron el pretexto de la ausencia de rey para sostener su lucha. Por eso lanzaron un manifiesto a la nación, en el que reafirmaron el sostenimiento de la lucha popular y anunciaron la presentación del proyecto de Constitución interina. Para lograr su propósito salieron hacia Apatzingán.

 

Apatzingán

La Constitución, redactada por José Manuel de Herrera, Andrés Quintana Roo y Carlos María de Bustamante, fue jurada en una casa de alto tejado, rodeada de frondosos árboles, en Apatzingán.

A la solemnidad del acto siguió la alegría, manifestada en bailes y muestras ruidosas de alborozo. El documento fue sancionado el 22 de octubre de 1814.

En la Constitución se establecieron, entre otros asuntos, los derechos y las obligaciones de los ciudadanos; se declaró quiénes eran las autoridades –repartidas en tres poderes: el Supremo Congreso Mexicano, el Supremo Gobierno y el Supremo Tribunal de Justicia–, se indicaron las condiciones requeridas para ser diputado al Congreso, las atribuciones de éste, el modo de proponer, discutir y sancionar las leyes, y se dispuso que el Poder Ejecutivo estaría compuesto por tres individuos nombrados por el mismo Congreso.

Pururuán

Cuando el Decreto constitucional se conoció en la ciudad de México, el virrey y las autoridades religiosas prohibieron su lectura; el Corl. Agustín de Iturbide se comprometió, ante las autoridades virreinales, a apresar a los legisladores, reunidos ahora en Ario. Gracias a una voz de alarma, los diputados pudieron huir a Puruarán, antes de que llegara Iturbide.

Llegaron a su nuevo destino el 5 de mayo de 1815. Allí, los insurgentes levantaron fortificaciones alrededor de la hacienda en la cual se reuniría el Congreso. El Recinto conservaba la arquitectura de la mayoría de las haciendas. En esa sede los insurgentes esbozaron un plan para llegar a Tehuacán y luego a la costa veracruzana, por donde recibirían la ayuda que esperaban proveniente de los Estados Unidos.

La estancia en Puruarán no fue larga, por la amenaza que representaba Iturbide. De allí los diputados salieron hacia Pilcayapan, y en el camino recibieron el auxilio de Vicente Guerrero, quien se convirtió en escolta.

Ya en Tehuacán, el Congreso lanzó amenazas para que se respetase la vida de Morelos, recientemente apresado por los realistas. Luego prosiguió traslados, sin conseguir fortalecerse. Por eso fue disuelto el 15 de diciembre. En su lugar se formó una Comisión Ejecutiva.

Morelos fue fusilado el 22 de diciembre de ese año y los criollos se sintieron todavía más comprometidos para alcanzar la Independencia. Además, tuvieron presente que Fernando VII había desconocido la Constitución de Cádiz y gobernaba como monarca absoluto.

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