A diferencia del gobierno ejercido por Hidalgo, quien sostendría que el monarca español "era un ente que no existe" y realizaría sus actos legislativos, administrativos, militares y judiciales en nombre de la Nación, el nuevo gobierno colegiado nacional declaró oficialmente que asumía las atribuciones de la soberanía en nombre de Fernando VII.
Su presidente, el licenciado López Rayón, reconoció si hasta entonces el nombre del monarca no se había usado "para nada", debía hacerse en lo sucesivo por razones políticas, a fin de acabar con los resquemores de los criollos y ganar más adeptos entre ellos. "Con esta política hemos conseguido –le escribió a Morelos algunos americanos, vacilantes por el vano temor de ir contra el rey, sean (ahora) los más decididos partidarios que tenemos".
Morelos se sometió a este gobierno colectivo, no porque estuviera de acuerdo con la línea política monárquica, sino porque, en esos momentos, el movimiento nacional insurgente necesitaba sumar fuerzas frente al enemigo común. Por eso ordenó que se enviara un oficio desde Cuautla el 31 de diciembre de 1811 a todas las plazas dominadas por sus fuerzas, en el que dispone que se jure lealtad al gobierno de la Suprema Junta.
[En sus comienzos, sitiado precisamente en Cuautla por las tropas virreinales de Félix Ma. Calleja, el cuarto vocal difundió la línea de la Junta en términos en los que, a pesar de plegarse a las ideas políticas de López Rayón, se advierten las resonancias de las ideas del Maestro Hidalgo: “Nuestra causa no se dirige a otra cosa sino a representar la América por nosotros mismos en una Junta de personas, escogidas de todas las provincias, que en la ausencia y cautividad del señor don Fernando VII de Borbón, deposite la soberanía; que dicte leyes suaves y acomodadas para nuestro gobierno, y que fomentando y protegiendo la religión cristiana en que vivimos, nos conserve los derechos de hombres libres, avivando las artes que socorren a la sociedad, poniéndonos a cubierto de las convulsiones interiores de los malos y libertándonos de la devastación y asechanzas de los que nos persiguen”.
Sin embargo, dos semanas después, presionado por la ferocidad de los combates, sin romper con la Junta, polarizó su posición respecto de ésta, al proclamar públicamente su propia línea política, esto es, la republicana: “Ya no hay España porque el francés está apoderado de ella. Ya no hay Fernando VII porque, o él se quiso ir a su casa de Borbón a Francia, y entonces no estamos obligados a reconocerlo como rey, o lo llevaron a fuerza, y entonces ya no existe. Y aunque estuviera, a un reino conquistado le es lícito reconquistarse, y a un reino obediente le es lícito no obedecer a su rey, cuando es gravoso en sus leyes”.
En esa misma ocasión esbozó los elementos del principio de autodeterminación, que encontraría más adelante, en 1814, su expresión jurídica en la Constitución de Apatzingán: “Sabed que la soberanía, cuando faltan los reyes, sólo reside en la Nación. Sabed también que toda Nación es libre y está autorizada para formar la clase de gobierno que le convenga”.[15] A partir de este momento, frente a la tesis monárquica de López Rayón, quedó clara y manifiesta su propia línea política, que fue -según lo confesaría más tarde el Caudillo del Sur- "no engañar a la gente haciendo una cosa y siendo otra, es decir, pelear por la independencia y suponer que se hace por Fernando VII".
Por lo pronto, en noviembre de 1812, al recibir en Tehuacán el proyecto constitucional de López Rayón para organizar jurídicamente a la nación en forma de monarquía moderada, Morelos anotó al margen del documento la siguiente frase: "La proposición de Fernando VII es hipotética".
Y al mismo tiempo, se dirigió por escrito a López Rayón para proponerle sin cortapisa alguna, "salvo meliori, que se le quite la máscara a la independencia".[18] Pocos días después, aunque suavizó sus términos, insistió en el tema: “Como es tan pública y notoria la suerte que le ha cabido a este grandísimo hombre (Fernando) es necesario excluirlo para dar al público la Constitución”.
Al mismo tiempo, criticó a las Cortes de Cádiz por sus incongruentes llamados a la igualdad de los españoles de ambos hemisferios así como a la libertad e independencia de la nación española; nación formada por España y América, cuyos elementos habían sido elevados a la categoría de principios constitucionales, según lo diera a conocer el gobierno español de México el 30 de septiembre de 1812.
“Las Cortes de Cádiz han asentado más de una vez –dijo Morelos- que los americanos son iguales a los europeos, y para halagarnos más, nos han tratado de hermanos; pero si ellos hubieran procedido con sinceridad y buena fe, era consiguiente que al mismo tiempo que declararon su independencia, hubieran declarado la nuestra, y nos hubieran dejado en libertad para establecer nuestro gobierno, así como ellos establecieron el suyo”.
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