Al principio, capturado don Miguel Hidalgo en marzo de 1811, hubo quienes aceptaron el gobierno sustituto presidido por Ignacio López Rayón; pero también otros que se resistieron a hacerlo, calificándolo de ilegítimo por ser el resultado de un consejo militar no autorizado por el Generalísimo.
López Rayón había dicho que “el 16 del pasado marzo, momentos antes de partir los señores Hidalgo y Allende para Tierradentro, celebraron junta general para determinar jefes y comandantes de la división y parte del ejército operante destinado en Tierrafuera, en la que fuimos electos los que suscribimos, con uniformidad de votos”.
En la exposición anterior (dada a conocer por López Rayón en Zacatecas el 22 de abril de 1811) había reiterado la razón principal del movimiento y dejado bien claro que “la piadosa América intenta erigir un congreso o junta nacional”; organismo que, sin embargo, lejos de seguir la línea cuasi republicana de Hidalgo, no tendría más objeto que conservar “ilesos los derechos” de Fernando VII.
Como se dijo antes, no todos los jefes militares se sujetaron a sus mandatos, por lo que a fin de resolver este problema, el abogado criollo citó a los jefes y oficiales del ejército insurgente con nombramiento legal a una junta que tendría verificativo en la villa de Zitácuaro el 19 de agosto de ese mismo año de 1811.
Concurrieron a la asamblea el teniente general José Ma. Liceaga y el doctor José Sixto Berdusco -como apoderado del señor teniente general José Ma. Morelos- así como los mariscales de campo Ignacio Martínez y Benedicto López; brigadieres José Ma. Vargas y Juan Albarrán; representante Remigio Yarza por el general José Antonio Torres; coronel Miguel Serrano; general Toribio Huidobro; capitán Manuel Manzo por el comisionado Mariano Ortiz; comisionado Tomás Ortiz; cuartel-maestre Ignacio Ponce y subinspector Vicente Izaguirre.
La asamblea resolvió crear un organismo colegiado de gobierno con facultades legislativas, ejecutivas y judiciales, compuesto por cinco vocales, que expresara y ejecutara la voluntad de la nación, o, como dice el documento constitutivo, "que llenara el hueco de la soberanía".
Esta corporación fue llamada Suprema Junta Nacional Americana, para oponerla a cualquiera otra de ese nombre que con el carácter de suprema procediera de la antigua España, o Supremo Congreso Americano Gubernativo, para obsequiar un caro y viejo deseo criollo que no había podido realizarse: el de "convocar a un congreso de representantes de todas las ciudades, villas y lugares del reino", al decir de Hidalgo, que además de dictar “la buena ley”, estableciera las bases del "buen gobierno" así como de la “buena administración de justicia”. En términos populares, según se dijo antes, se le conoció como Junta de Zitácuaro.
De los cinco integrantes de dicha Junta, llamados vocales, se eligió sólo a tres, que fueron el propio licenciado López Rayón como presidente; el teniente general José Ma. Liceaga y el doctor José Sixto Berdusco.
Además de presidente de la Junta, el licenciado López Rayón asumió las funciones de ministro universal de la Nación (cartera que resumía a las dos anteriores creadas por el Maestro Hidalgo: la de Gracia y Justicia, vacante por la detención y ejecución del licenciado José Ma. Chico, y la de Estado y Despacho, que había detentado él mismo) para todo lo referente al gobierno civil, es decir, tanto en lo interno como en lo externo.
Dos vocalías quedaron vacías para ser provistas "cuando la actitud, mérito y representaciones de los ausentes lo exijan", según se lee en el acta constitutiva.
Tiempo después, los tres vocales mencionados invitaron a José Ma. Morelos a participar en el órgano soberano en calidad de cuarto vocal, debido al lustre que estaban teniendo sus campañas militares; a quien previamente se le otorgó el grado de teniente general, primero, y capitán general, después.
El gobierno militar se distribuyó entre los cuatro citados vocales, que recibieron el grado de capitanes generales, dividiéndose entre ellos el territorio del país en cuatro zonas geográficas, de acuerdo con los puntos cardinales. A Morelos le tocó el Sur.
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